jueves, 18 de abril de 2019

Tienes más tiempo del que crees - En la mitad de la vida, Kieran Setiya


Maribel Orgaz- @Leerenmadrid
Mira Vir - le puse en un mensaje- este libro es una maravilla.

Y le envié una foto de la portada. Para esto, supongo, las redes sociales son un buen invento.

Si Virginia encuentra un libro que cree merece la pena que yo conozca hace lo mismo y me envía unas cuantas fotos de párrafos que ella ha subrayado. Yo no escribo en mis libros, tengo libretas con anotaciones por todas partes y hacerles fotos para mí es un engorro porque  tomo notas sólo para detener la lectura y dar tiempo a la mente a ir más despacio. Virginia trabaja sus textos directamente y esta costumbre suya, de subrayar los textos y enviarme esos pantallazos me viene muy bien para tener un incentivo para encontrar el libro que me recomienda.

En la mitad de la vida, escrito por el profesor de Filosofía, Kieran Setiya me gusta porque rebosa amor a la vida, es fácil de entender para cualquier lector y está lleno de humor y aceptación de lo que vivimos. Además, es consciente de que es un hombre privilegiado y de que escribe desde esa posición.

Miles de seres humanos no sólo no tienen preguntas filosóficas tipo qué hago yo aquí, sino que se darían por satisfechos con tener una fuente estable de ingresos y una vida en la que no estén expuestos a la violencia y al caos.

Setiya es consciente de que, la mayor parte de los hombres de su edad en Estados Unidos han pasado por más de 13 empleos y están siempre disponibles para mudarse a cualquier lugar si le ofrecen un trabajo mejor. En cambio a él le pagan por leer y escribir y dar clase en una de las universidades más prestigiosas del mundo; está casado y tiene un hijo.

Y sin embargo, cuando contempla su vida "que tanto me había esforzado en construir, sentía una desconcertante mezcla de nostalgia, arrepentimiento, claustrofobia, vacío y miedo". 

Este libro, dice más adelante no es para quien lidia con una crisis de la mediana edad, sino para cualquiera que esté lidiando con la irreversibilidad del tiempo. 

La respuesta de Setiya es mirar a los filósofos como interlocutores no como depósitos de sabiduría que ir a consultar ante las dificultades de la vida.
"Este libro difiere de la autoayuda tradicional, en parte porque se preocupa más de cuestiones básicas acerca de cómo sentirte con tu vida, y en parte porque se preocupa menos por el cambio externo. Para la mayoría de nosotros, la mediana edad no es demasiado tarde para empezar algo nuevo, aunque con frecuencia lo parezca. No te dejes engañar por la perspectiva del tiempo que acompaña a la mediana edad. Tienes más del que crees".  

viernes, 12 de abril de 2019

Pero qué nos pasa con la comida - Virginia Baudino



“Vivo por circunloquios, espirales, pidiendo disculpas,
permiso.
Demasiado.
Tropiezo, desentono, me repito,
adiciono prótesis, me encorvo,
heteróclita, minuciosa, descuidada.”
Luisa Futoransky
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Ayuno intermitente, ayuno de fin de semana, comidas sin harinas, sin azúcar, tisanas, batidos de frutas, barritas energizantes, aplicaciones para escanear lo que se consume en la comida y en los productos cosméticos. Vegetarianos, veganos, flexitarianos….y la lista se agranda a medida que conocemos a más gente.

Estamos frente a una enorme epidemia de alergias e intolerancias alimentarias al mismo tiempo que nos volvemos expertos en comida tailandesa, mexicana, japonesa o hindú. El tofú o el tzaziki se han vuelto básicos en nuestras dietas. He tenido que pasar por la experiencia de probar comidas exóticas con muy malas consecuencias para mi cuerpo porque las especias y yo no nos llevamos nada bien.

-¿Y como te sentaron?- me preguntó Maribel cuando se lo empecé a contar - porque a veces yo también he probado cosas que luego no resultan tan cool en el estómago - y se echó a reír.

-Pues no sé qué fue peor, si todo mi intestino dando vueltas a qué era aquello o la cara de mis anfitriones, perplejos porque no tenía paladar para apreciarlo.

-Claro Vir, habrían dedicado un buen rato a prepararte una comida de su país y a ti se te cambiaría la cara.

Sí, la verdad es que yo quería agradecerles esta atención pero el cuerpo ya sabemos que no engaña nunca. Después de esta experiencia me sentí un poco marciana, aunque no es la única vez... pero vuelvo al tema de esta entrada, que es esta moda o ¿se puede decir obsesión? con lo que hay que comer, con cómo, cuándo y cuánto se come. 


-¿Cómo que no has probado la musaka? ¿y el kebab? ¿y el biryani? Nein! Sushi, por Dios!

-Apenas - respondo pidiendo disculpas. Porque probar de todo exige dedicar parte del presupuesto a restaurantes coreanos, paquistanís, foodtruck, sopa de nido de golondrina, pasteles de alubia negra... ¿y la opción de cocinarlo en casa? Hay que echar un vistazo a las secciones de herramientas de cocina para darse cuenta de que para elaborar un solo plato de este tipo se puede una gastar una buena parte del sueldo si se quiere hacer bien.

Entonces entendí mejor lo que leí acerca de que el mayor porcentaje de vegetarianos y veganos se encuentra entre las mujeres, que éstas tienen – en su mayoría - estudios universitarios, y son de clase media para arriba. Hay que contar con presupuesto para ser bio.

No me malinterpreten, la crisis ecológica nos urge a replantearnos ciertas ideas que dimos por ciertas.

Una de ellas plantea que la comida es una nueva forma de disciplinamiento corporal.

El filósofo francés, Michel Foucault, desarrolló una potente y fructífera teoría sobre el disciplinamiento político del cuerpo. Él acuñó una frase que se hizo célebre, "cuerpo disciplinado, cuerpo productivo"

Así, explorar las redes en las cuales el poder se expande a través de los cuerpos, sobre su salud, su higiene, su sexualidad fue uno de sus puntos centrales. Concibiendo sus trabajos como una especie de cócktel molotov para ‘sacudir los hábitos y las maneras de hacer y de pensar’, el disciplinamiento foucaultiano nos revela una tecnología política orientada a hacer dóciles los cuerpos, para su obediencia y su utilidad.


Comer ‘sano’, si es posible no comer carnes, hacer mucho deporte, yoga para mantener los males del espíritu a raya, y alguna terapia, no vaya a ser que con el yoga no alcance..., todo esto me lleva a pensar en lo que el filósofo italiano, Antonio Negri, sostiene sobre la emergencia de nuevas subjetividades – subjetividades fragmentadas, dispersas, atomizadas y sujetas a una movilidad y flexibilidad ilimitadas -, y los lazos que los individuos establecen, ahora, con nuevos mecanismos de control sobre su vida y con nuevas opciones de consumo. Ahora vas a una reunión y la comida se instala como el tema de conversación. Las aplicaciones para cocinar sano y mantener el cuerpo en forma se han vuelto muy populares (yo misma he utilizado alguna).

De golpe, toda esta mirada excesivamente centrada sobre el ámbito de la vida privada, y especialmente sobre el cuidado del cuerpo, enfatiza lo que también el historiador estadounidense Cristopher Lasch llamaba "una cultura del narcisismo". En ésta, los problemas colectivos se convierten en problemas personales produciéndose un viraje extremo hacia el interior de uno mismo "a través del culto a la salud física y mental".

En línea con Foucault y con el filósofo alemán Anselm Jappe, Lasch argumenta que se observa una radicalización de la individuación de la vida social, aunque Jappe va más lejos al hablar de esto como una patología claramente capitalista.


Sin embargo, he constatado que no hay varones hablando de su vegetarianismo o veganismo, ni de que ahora comen ‘sin harinas’ o ‘libre de lactosa’ o de que ‘hacen ayuno’ para limpiar su cuerpo de toxinas. Por ello, he pensado que, como dijo Simone de Beauvoir, el cuerpo de las mujeres sigue siendo el centro de una batalla aún más descarnada que el de ellos, especificando, dice Camille Froidevaux-Metterie, que nuestro cuerpo es el lugar por excelencia donde se encarna la dominación masculina.

En el Mito de la belleza, dice Naomi Wolf:  “es una vena oscura de odio hacia sí mismas, una obsesión con el físico, un terror de envejecer y un horror a la pérdida de control". La domesticidad, nos dirá, da ganancias.

No siempre hemos comido de la misma manera, y cada cultura tiene su biblioteca alimentaria específica. Ciertamente, la crisis ecológica, política y social nos urgen a ocuparnos en construir nuevas formas de vida social ‘más amigables’ y a reconstruir los lazos de solidaridad que se han ido perdiendo. Toda utopía, dice Francis Wolf, se apoya en un nosotros.


Desenraizada como tronco de plátano
A merced de la borrasca, puro cráter, pura fragilidad
Sin saber echar raíces pero voy.
Luisa Futoransky

jueves, 21 de marzo de 2019

¿Qué mundo sueñas? - Rutger Bregman por Virginia Baudino


Imaginemos lo imposible
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Por mucho que camine nunca la alcanzaré.
¿Entonces para qué sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
La urgencia climática, la crisis de las democracias, las desigualdades sociales y el retorno de los fascismos nos interpela para diseñar un nuevo horizonte. Si, como se pidió en el mayo del ’68 francés, la imaginación debe tomar por asalto el poder, probablemente la utopía deba ocupar de nuevo su lugar. Como escribió un periodista francés, y “¿si la sola forma de salvar el mundo sea reinventándolo?”.

Hace poco visité a mis padres. Siempre que hablamos con mi padre se recicla una vieja idea que tengo, entre otras, y es la de que cómo se hace para conservarlas intactas, que se adapten a todo tipo de explicación y resistan al paso del tiempo y a algunas evidencias que las contradicen. El psicólogo León Festinger le puso un nombre a esto: ‘disonancia cognitiva’. “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. No sólo eso, nos volvemos más inflexibles antes que modificar nuestras creencias.”

Si pensamos en esto, a pesar de las innumerables e innegables evidencias, es legítimo plantearse si efectivamente las nuevas ideas pueden cambiar el mundo, dice el historiador holandés Rutger Bregman en Utopía para realistas, (2016). Aunque la cuestión, según éste, no es si las nuevas ideas pueden derrotar a las viejas, sino cómo pueden hacerlo. Sin embargo, dice, los sociólogos, algunos psicólogos y politólogos han abierto una brecha en la argumentación de la disonancia cognitiva, al considerar que es la presión del grupo la que impide que cambiemos nuestra mirada. Pero, tranquilos…hay esperanza, porque a pesar de todo esto, sí es posible que una sola idea puede cambiarlo todo.

“¿Qué sentido tiene la libertad de afiliación si ya no nos afiliamos a nada? ¿Qué sentido tiene la libertad de cultos si ya no creemos en nada? Ya es hora de esbozar una nueva utopía.”“Preguntémonos, pues: ¿cómo hacemos realidad la utopía? ¿Cómo llevamos a la práctica las ideas?”



Todos sabemos cómo terminó el mayo ’68 francés, pero sus consignas aún siguen vigentes: ¿por qué no ser realistas y pedir lo imposible? “Literalmente, <<utópico>> significa ‘lo que no está en ningún lugar’. Se llama, desde Tomás Moro que acuñó la palabra, ‘utopía a toda descripción de una sociedad que se supone perfecta.”, Diccionario de Filosofía.

Bregman argumenta que, antes de ahora, si, antes, la abolición de la esclavitud y el derecho al voto de las mujeres, eran ideas utópicas, por lo tanto impensables de llevar a la práctica. ¿Qué me dicen ahora? El historiador holandés nos propone ‘utopías realistas’ como una renta básica. Sí! ya hay países ensayándola y sí, los resultados apuntan que dar dinero gratis funciona, y si eres escéptico, harías bien en leer su libro y empieza por rechazar la idea de que una vida sin pobreza es imposible y cámbiala porque una vida sin pobreza es un derecho.

También propone jornadas laborales reducidas de 15 horas semanales. Con el desarrollo de las nuevas tecnologías y las máquinas, se trabaja menos. Tenemos la opción de dejar a mucha gente en la calle o de reducir las horas de trabajo para que todo el mundo pueda acceder a tenerlo y así, tener más tiempo libre para vivir. La australiana Bronnie Ware, escribió en Los cinco arrepentimientos de los moribundos, en el que encontró que la mayoría de las personas se arrepiente de no haber tenido el coraje de hacer lo que quería y de haber trabajado tanto. Nadie se arrepiente, dice Bregman, de no haber presentado más Powers Points o de haber hecho mas encuestas o lobbies para los bancos.

“En la era de microchip, del contenedor y de la venta por internet, ser un poco mejor que el resto significa que no sólo has ganado la batalla, sino que has ganado la guerra. Los economistas denominan este fenómeno ‘la sociedad de todo para el ganador’.

 Me suena. El aumento del trabajo ‘sin sentido’ y absurdo, y por ende algo bien pagados, es abrumador. Hay que cambiar esto reestructurando la educación: “¿qué conceptos e ideales queremos que tengan nuestros hijos en 2030?". Por eso Bregman nos propone una utopía para realistas. Ha llegado la hora, nos dice, de redefinir nuestro concepto de trabajo. Gente, ¡ser banquero no compensa!

Rutger Bregman es muy optimista. Es contagiosamente optimista. Están los que no lo son como el filósofo italiano Giorgio Agamben que escribió sobre el pensamiento y el coraje de la desesperanza, en el que el verdadero coraje no es el de imaginar una alternativa sino el de aceptar las consecuencias de que no hay alternativas. O como dice el filósofo esloveno Slavoj Zizek, que el coraje está en admitir que la luz al final del túnel no es más que el faro de otro tren que nos lleva en sentido contrario.

El optimismo de Bregman, con Trump, Bolsonaro y los fascismos acechando a las puertas, es quizás una necesidad. Y es una necesidad bien fundamentada. Leer calma el alma.



¿Qué mundo sueñas? Hazte esta pregunta, y trabaja en ello. Piensa, imagina, desea…piensa que las mujeres pelearon, y mucho, por obtener el derecho al voto. Algo que hoy se ha olvidado fácilmente. Por ello, algo es seguro, si no hacemos nada y sólo protegemos el orden existente, el mundo seguirá como hasta ahora. Pero varias utopías políticas, ecológicas y sociales llaman a la puerta y urgentemente.

Cuando alma y espíritu
y cuerpo sepan,
y la luna sea bella porque la amé
y el mundo esté parado al filo
de la memoria y
sangre la luz detrás
del baño de su gracia, 
obligaremos al futuro
a volver otra vez.
Juan Gelman

martes, 5 de marzo de 2019

El amor después del amor por Virginia Baudino


Soy trampa entrampada.
Habitante habitado.
Abrazo abrazado.
Pregunta en respuesta a una pregunta.

El amor después del amor, Fito Paez


Viginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
La socióloga marroquí Eva Illouz ha escrito mucho sobre las emociones. Dice que desde sus
orígenes, y sepan disculparme mis amigos y amigas psicólogos, la sociología también se ha interesado por todas las formas de sufrimiento: la pobreza, las catástrofes, las desigualdades, las discriminaciones, las enfermedades, el amor….

Como viene siendo habitual desde sus orígenes, la sociología -nacida de la modernidad - ha metido su nariz en todos aquellos aspectos ligados justamente a la modernidad, a sus significados y a sus consecuencias, nos dice.

Generalmente, se cree que el dolor, el sufrimiento, la tristeza, la alegría – entre otros – pertenecen al ámbito de la vida personal. Sin embargo, hoy hay unas formas invisibles de sufrimiento amoroso, traducido en ansiedad, depresión, inseguridades varias, dice Illouz, que ponen en riesgo la estabilidad del sujeto y son objeto de estudio, también, de la sociología.


Así que aquí estoy otra vez reflexionando por escrito luego de una charla con Maribel y después de preguntarle a dos amigas de culturas orientales, árabes, cómo es en su cultura el amor y el amor con otros, y especialmente para las mujeres. Luego hice la misma pregunta a mis amigas y a mis hijas, que son de otra generación, y por supuesto, a mi madre. Ahí la cosa se complicó y mucho.

Empiezo con Maribel, que hace poco dio una charla sobre El amor y las mujeres en Madrid:

-Quería hacer un panorama sobre cómo antes del período romántico se obligaba a las mujeres -me explicó- a casarse con quien los hombres querían y el resultado no fue el que yo había pensado.

-¿No les interesó?

-Quizá es que hoy en día, y por suerte, somos incapaces de imaginar que se pueda disponer de la vida de una persona como se hacía antes con una mujer.

Charlamos bastante rato sobre esta experiencia y después, vinculándola a experiencias personales y de otros, recordé los trabajos de Illouz, que está muy en boga últimamente aunque no exenta de flancos débiles y críticas. Entonces se me ocurrió que la sociología podía quizás aportar una mirada interesante sobre un aspecto de la vida emocional de las personas que parece alejada de su ámbito de estudio, pero siendo la sociología mi lugar de apoyo, es el espacio desde donde puedo observar e intentar comprender o interpretar el run run, dicen algunos filósofos, del murmullo social... y yo tampoco estoy exenta de intentar comprenderme también desde estas perspectivas.


Por qué tanta gente recurre a todo el arsenal emocional – psicólogos, libros de autoayuda, terapias alternativas, programas de TV, turismo (sí, viajar dicen que ayuda), consumo, publicidad - que hoy hay a nuestra disposición, para tratar de abordar la vida emocional, con sus matices, especialmente en aquellos flancos de sufrimiento en los que nuestra cultura insiste que se debe a dificultades personales o a la convicción de “que el sufrimiento está constituido a la medida de nuestra historia psíquica.” Illouz intenta responder que, como he intentado mostrar en otros posts, no es algo solamente personal. Basta de echarse culpas personales, quizás lo que pasa es que cambiaron las formas de amar y de sufrir para todos y para todas en nuestra cultura.

Si aceptamos el hecho de que el sufrimiento amoroso es algo individual, entonces – y como se viene haciendo - el dolor se inscribiría en la historia personal y en la capacidad de autofigurarse del sujeto en cuestión, es decir, nosotros.

Pero entonces mete su nariz la sociología, dice Illouz, para argumentar “que los fracasos de nuestra esfera privada no son [sólo] consecuencia de una debilidad psíquica, sino que a los caprichos y sufrimientos de nuestra vida emocional le dan forma ciertos órdenes institucionales.” como nuestra cultura, con sus contradicciones, y que configura la identidad del yo.

La autora va a ir aún más lejos al sostener que “el amor y la sociedad de consumo están ligados”. Las prácticas de esta sociedad – occidental, por si quedaban dudas- se trasladan al ámbito emocional y sexual. Para no confundirnos, Illouz muestra a través de sus análisis, cómo estas transformaciones han tenido un rol importante en la lenta batalla de la autonomía de las mujeres (en este caso, heterosexuales).

En Por qué duele el amor, nos dice que la cultura actual no se lleva bien con el sufrimiento. Ahora, la dictadura de la felicidad, como ella la llama, se impone a toda costa. Es en culturas utilitarias, como la nuestra, donde el objetivo es el placer hay que esforzarse mucho por conseguirlo.

Le preguntaron a esta socióloga marroquí, por qué lo hacía o si su trabajo tenía un valor terapéutico, a lo que ella respondió que quizás el valor que tenía su trabajo era el de intentar comprender qué es lo que nos causa tanto dolor.

Entonces, ¿qué significa el amor para Illouz?  Dice que “el amor es un sostén social del yo. Amar significa movilizar la totalidad del yo como una capacidad esencial para entrar en conexión con otras personas y mejorar la existencia propia y ajena.” Pero, como Marx, quiere “demostrar que [al amor] lo producen y configuran ciertas relaciones sociales concretas, que circula en un mercado donde los actores compiten en desigualdad de condiciones y que algunas personas tienen mayor capacidad que otras para definir los términos en los que serán amadas.

Y es aquí donde las mujeres se encuentran no tan bien paradas como se cree, porque si bien actualmente son “más soberanas de su cuerpo y emociones, […] a la vez están más dominadas emocionalmente por los hombres de un modo que no tiene precedentes”, dice en La salvación del alma moderna.


Para esta socióloga, el amor permite entender la modernidad “pues enmarca dos revoluciones culturales importantes del siglo XX:
la individualización de los estilos de vida y la intensificación de los proyectos de vida emocionales y la economización de las relaciones sociales o, mejor explicado, la utilización generalizada de los modelos económicos para configurar el yo y sus emociones.” 
Para las personas, el amor puede ser fuente de felicidad, pero también de sufrimiento. Esto es lo que Illouz intenta desvelar, que no se debe quizás sólo a nuestra psiquis e historia personal, sino que la cultura en la que vivimos configura nuestra vida emocional a su medida.

Mi madre respondió:

- ¿Amor?, qué amor, Virginia. En esa época tu compañero era el que mejor hablaba políticamente, tenía un buen discurso, era líder, sabía y quería cambiar la sociedad. ¿Amor?

Mis hijas, dijeron, - estamos en el siglo XXI mamá, por favor, ya nada de lo de antes se lleva.

Mis amigas árabes dijeron: -ustedes las mujeres occidentales, usan y tiran. Nosotras tenemos prohibida la interacción con los hombres hasta el matrimonio. Y no es cuestión de amor.

A mis amigas decidí dejarlas paz. El debate está servido, Illouz entra al terreno y pisando fuerte.

Debe ser a elección.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale un intento.
Duerme con él como una cualquiera, única en el mundo.
Le parirá cuatro hijos, ningún hijo, uno.
Ingenua, más la que mejor aconseja.
Débil, más podrá con el peso.
No tiene cabeza, pues la tendrá.
¿A dónde corre?, ¿no está cansada?
Que no, un poco, mucho, no pasa nada.

miércoles, 30 de enero de 2019

Una vida mejor de la que vivimos por Virginia Baudino




“Sé que un régimen que no proporciona
a los seres humanos ninguna
razón profunda para cuidarse entre sí
no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad.”
Richard Sennett

Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
En 1989, Bernard Pivot le preguntó al filósofo francés Michel Serres, qué era para él un filósofo. Serres respondió que un filósofo es un viajante, un visitante que se alimenta de saberes y que se funde con las culturas, volviéndose así una persona.

No soy filósofa, aunque hay por ahí algún diploma que atestigua mi paso clandestino por algunas de sus ramificaciones. Sin embargo, en épocas donde los límites se difuminan, es interesante explorar diferentes saberes. O algo así.

En este sentido, el historiador francés Iván Jablonka nos invita a saltar las fronteras de las disciplinas, escribir, desarrollar un camino de creación, una reflexividad vibrante, un rechazo del sexismo metodológico – en línea con Sandra Harding -, una independencia de tono y estilo, una sensibilidad en el lenguaje, una apertura al público’ para el futuro de las ciencias sociales".

Traspasar las fronteras, dice Jablonka, tiene algo de subversivo porque desafía las rutinas, los hábitos y cambia las miradas. Y porque nos ayuda a hacer un poco más inteligibles nuestras vidas.

Como escribí en post anteriores, lo que sucede a nuestro alrededor nos interesa e interpela a Maribel y a mí. Estas reflexiones son el producto de intensas charlas, intercambio de correos, lecturas entre nosotras. Nada se produce aislado, sino en diálogo permanente. Ambas venimos de disciplinas diferentes pero superpuestas. Nuestras charlas se enriquecen, así que por qué no traspasarlas al papel y compartirlas. Así literatura y sociología, dialogan.

Últimamente, todo nos llama profundamente la atención. Lo que hay que comer, lo que hay que hacer, lo que hay que leer, en qué hay que trabajar y cómo, cómo hay que vivir, cómo se debe ser. Especialmente toda esta obligatoriedad de la felicidad, o de la llamada buena vida, si quieren, nos llama la atención.


Empezar por preguntarse qué es la felicidad o la buena vida, sería como entrar de lleno en grandes tratados filosóficos, metafísicos, antropológicos, psicológicos y etcéteras.

Por ello, recurrí a la sociología una vez más, y en este caso me apropié de lo que dice el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en La sociedad sitiada (2002), sobre la felicidad.

El autor reconoce que se trata de un concepto vago, impreciso y ambiguo. Pero acuerda en cuatro ideas como son ‘buena fortuna, placer, satisfacción y buena vida’.

Sin embargo, y contrariamente a lo que se percibe en la actualidad, tradicionalmente ésta era una idea periférica, ya que en la cultura occidental, y en otras, predominó la idea del sufrimiento como elemento inherente de la vida. Pensemos en Jesús, por ejemplo, y su sufrimiento, nos dice Bauman.
Por ello, la ‘felicidad’, como fin de la vida, es una idea actual, y su ‘entronización’ es más actual si cabe.

Si algo caracteriza a las sociedades líquidas actuales, nos dice, es que las políticas estatales han abandonado el pacto con los sujetos, por el cual el Estado se comprometía a distribuir los bienes para asegurar una buena vida y los ciudadanos esperaban recibirlos. A cambio entregaban lealtad y disciplina.

Pero las cosas cambian, y sí que cambian, y con el paso del tiempo y el cambio operado en nuestras sociedades, “abandonada por la política estatal, la escena pública cae fácilmente en las garras de la política de vida individual. […] Así, “se alienta la búsqueda de soluciones biográficas a problemas de origen social.” O, como dice el sociólogo alemán Ulrich Beck, ‘nuestras vidas se han convertido en soluciones biográficas a contradicciones sistémicas.’ Que todos lo intentamos en casa de alguna u otra manera.

Bauman realiza un análisis exhaustivo de esta idea, y dice que “hay mucho lugar para diversos contenidos sobre la buena vida: es decir, de una vida mejor de la que vivimos, una vida preferible a aquella que hemos vivido hasta el momento.”



Por sus características, la idea de felicidad “es capaz de proporcionar un suelo común en el que se producen luchas y negociaciones entre los defensores y detractores de las distintas maneras en que puede entenderse la vida individual y un suelo en el que tienden a discutirse y negociarse las modalidades de una vida común.” De ahí el bombardeo cotidiano al que estamos sometidos.

Permanentemente, se crea y se publicita toda una alternativa de opciones en las que, día a día, se lanza una crítica de la ‘vida real existente’. Más enfático es Beck cuando afirma que “El individuo tendrá que pagar por las consecuencias de las decisiones que no toma.”

Y también por las que toma, como dice Richard Sennet en La corrosión del carácter (1998). Asumir riesgos, cambiar, desprenderse del pasado, vivir en la ambigüedad y la incertidumbre actuales del capitalismo flexible, producen un desgaste enorme del carácter de las personas. Ahora, ‘Quedarse quieto equivale a quedar fuera de juego.’

Y es cierto, aún recuerdo en una universidad lo que una compañera me dijo: "Virginia, tienes que estar dispuesta a hacer cualquier trabajo, incluso los que nada tengan que ver con tu trabajo, con tal de estar aquí adentro, porque si sales estarás muerta. Ella había leído acertadamente lo que se estaba gestando". Y sí, estoy afuera.

Como dice finalmente Bauman, el modelo de una buena vida futura tradicional fracasa por tres motivos. Primero, porque ahora lo mejor que se puede imaginar no puede durar para siempre.
 Segundo, porque las antiguas utopías no entusiasman porque proponían una reforma de toda la sociedad para que todos tengan una vida feliz. Recuerden que estamos en una época de atomización e individualización. Por último, ahora la felicidad significa un presente diferente antes que un futuro mejor.

Pero lo que realmente rompe con todo es que se concibe a la felicidad como una meta individual y no como un estado estable de todo el conjunto de la población. Cada uno busca pequeñas triquiñuelas para no hacer aguas.


Sin embargo, como dice Sennett, siempre queda un espacio de esperanza, cuando asistió a Davos, “me pareció que este régimen podría al menos perder su control actual sobre las imaginaciones y los sentimientos de los que están abajo.”


Después, el fuera de foco se va ajustando
y poco a poco
nos vamos reencarnando en eso que somos, despojos
de cuanto creemos que alguna vez fuimos.
Hacemos como que nos acostumbramos.
Luisa Futoransky

jueves, 17 de enero de 2019

Remedios para la melancolía por Virginia Baudino, socióloga.


“Toda excesiva atención y repliegue sobre una misma 
produce enfermedad y heridas
que sólo se curan con la despreocupación
de lo propio. ¿Qué se hace con un día así?"
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Parece que las llamadas enfermedades mentales están convirtiéndose en una epidemia. No soy yo la que lo dice. Basta hojear las publicaciones científicas o hablar con los amigos. La depresión, la ansiedad, la hiperactividad y otras más -ahora hay muchas – crecen a pasos agigantados.

Todavía aún se sigue pensando que estas enfermedades pertenecen al ámbito de lo privado. Sin embargo, y siguiendo esta idea de la poeta Chantal Maillard, de hacer filosofía en los días críticos, voy a tratar aquí de apropiarme de algunas ideas de ciertos escritores para hacer un poco de sociología en momento críticos.

Los autores que me interesan, y aunque difieran en sus análisis, argumentan como lo hace el filósofo Byung-Chul Han que toda época tiene sus enfermedades emblemáticas.

Si para este filósofo estas enfermedades, más específicamente la depresión, se caracterizan por ser una guerra contra uno mismo, lo que evidencian es la transición de una sociedad disciplinaria a una del rendimiento y del exceso de positividad. Así, la prohibición, el mandato y la ley, tan características de otras épocas, han sido reemplazadas por el ilimitado poder de los sujetos de hacer y emprender.

Es enfático cuando dice que ‘El sujeto de rendimiento es soberano y empresario de sí mismo libremente, y en eso se distingue del sujeto de obediencia.’

Si a ello le agregamos una sociedad capitalista fuertemente atomizada y competitiva, la mesa está servida.

Si para este filósofo estamos en los albores de la sociedad del cansancio, para el inglés Mark Fisher hay que ir aún más lejos, hay que discutir políticamente la salud mental.

Dice que hay que preguntarse ‘¿cómo - en la sociedad capitalista – se ha vuelto aceptable que tanta gente, y en especial tanta gente joven, esté enferma?’ Es por ello que ‘la plaga de estas enfermedades en el capitalismo sugiere que el capitalismo es un sistema disfuncional, y que el costo que se paga para que parezca funcionar bien es ese.

Ambos autores, Han y Fisher, acuerdan al argumentar que se ha instalado como algo de orden natural la idea de que cualquiera puede convertirse en un Bill Gates o en un Jeff Bezos. Y si tú o yo o los otros no lo conseguimos, ya sabemos a quién culparemos….no a Bill o a Jeff.

Porque, como dice Han para El País, ‘El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad.’[El País, 03/10/2014].

Por eso la urgencia de repensar el espacio de la salud mental - de los orígenes de la infelicidad, dice Fisher -, desde la política y la sociología. De seguir así, el panorama que se abre es desolador: una sociedad más atomizada, individuos cada vez más aislados y compañías farmacéuticas haciendo negocios millonarios.


Hace unos días vimos con Maribel el documental, Autonomía Obrera, de Oriol Murcia sobre la clase obrera española durante la década de los 70 y en él se habla ya de la salud mental.

En el minuto 1:08´ el entrevistado decía: ‘la vida privada es una vida privada de vida. Entonces buscamos tener una vida política. No de afiliarse a un partido político o sindicato, no. Una vida política significa desafiar al mundo porque no nos gusta, porque no nos sentimos bien en él.’


Los gurús de la autoayuda y del coaching florecen por todas partes. Parece ser que hay que controlar lo que se come y cómo; ayunar 48 horas si es posible, correr es la moda, el yoga se ha vuelto una disciplina internacional de furor y el bombardeo por Internet, radio y televisión sobre cómo tenemos que hacer para ser felices, porque no lo somos, es abrumador.

Nunca podré hacer todo eso, eso para ser verdaderamente feliz como nos dicen. Soy muy mala alumna. Y cuando algo se vuelve como una plaga comienzo a sospechar.

Hace tiempo que me repito esta frase del feminismo: lo personal es político. Quizás sirva, quizás no. Quizás aceptar que la soledad, la melancolía y la tristeza forman parte del ser humano sea uno más de los remedios.

No es obligatorio ser feliz. Como dice Zizek en el post que aquí colgó Maribel, para qué quieres ser feliz, mejor ¡ten proyectos! Y si no los hay, hagámoslo juntos.

Y por favor….¡desafiemos a este sistema! Para empezar, bailar nunca está de más, y leer…..
escribir.

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía.

Chantal Maillard


miércoles, 19 de diciembre de 2018

Cuál es la forma de vida que nos hace felices

Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com 
¿Qué pasaría si todos estuvieran de acuerdo con tu protesta?
-Mark Fisher-
Parece ser que el feminismo está de moda. ¡Ahora es tendencia! En las tiendas de ropa encontramos camisetas que dicen que somos feministas, cantantes de moda cantan que todos deberíamos ser feministas.

Maribel y yo nos hemos encontrado porque nuestras reflexiones y nuestras ideas respecto a nosotras en tanto mujeres, madres, estudiosas, profesionales, feministas se desarrollaban ensambladas, en diálogo y cuestionamiento permanente.

Es un poco rara toda esta moda, ¿no? Especialmente porque el feminismo ha sido algo marginal. ¿Adónde nos conducirá esto? Porque para que algo sea tendencia, hay que edulcorarlo, volverlo ligth, hay que asegurarse que no incomode a nadie.

El feminismo surgió marginal, incómodo, reducido y en la lucha. Sus principios, que hoy deberían seguir siéndolos, eran los de construir una sociedad más justa. Y esto, como dice Jessa Crispin en su libro Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista sigue sin estar de moda.

Las mujeres han trabajado desde siempre. Han fregado desde siempre. Y han luchado para acceder a trabajos cualificados, no para acceder a los trabajos de los pobres. Trabajar ante todo, ha sido una de las premisas. Y en ese camino, no reparamos que la sociedad capitalista es cada vez más hostil, competitiva y precaria para mujeres y varones.


“Desde el principio mismo, dice Crispin, la premisa fue que el trabajo era algo bueno, algo gratificante que nos estábamos perdiendo. No algo que destruía el cuerpo y la mente"; Anabel González, en La liberación posible’  ya argumentaba que un trabajo mecánico de 8h. a 15h no era una liberación. Crispin es más frontal al decir que
"No todas las mujeres ni todos los hombres son ambiciosos. No todas las mujeres están decididas a dejar su huella en el mundo. No todas las mujeres disfrutan trabajando ochenta horas a la semana sólo para ver cómo le dan el ascenso a un niñato de Harvard, ascenso a un puesto que ella en verdad no quiere, pero en el que ganaría un poco más.
No todas las mujeres ansían participar en este desquicie consumista que es la cultura en que vivimos y llenar los vacíos de su corazón y su alma con zapatos y tops de edición limitada de Topshop". 

Mientras el feminismo esté dominado por el determinismo económico protestante – libertad, independencia y trabajo – estaremos evitando crear una sociedad más humana y justa. Lo que tenemos hoy es "una especie de mundo hipermasculinizado en el que las mujeres participan – y quieren participar aún más - de los valores patriarcales".

Y así todo se va al traste desvirtuado en nombre del dinero y el poder, aquellos placeres que ofrece el patriarcado. Porque para triunfar en el patriarcado, nosotras debemos actuar como patriarcas (independencia, éxito y sexualidad), y tenemos que exhibir las características que ese mundo valora y desechar las que no.

¿Para qué queremos entrar en las primeras filas del ejército?¡¡¡¿Para ir a la guerra?!!! De qué nos sirven las CEOs que salen en Forbes si sus fábricas reproducen y acentúan las condiciones de explotación y servidumbre de mujeres y niños. ¿Por qué sólo yo tengo conflicto de intereses y digo no?

¿Nos hemos planteado si esta forma de vida nos hace feliz y es la mejor a la que podemos aspirar? ¿Hemos analizado el sistema con el que estamos colaborando?


Andrea Dworkin, dice, nos ha empujado a replantearnos nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestra existencia en el mundo para ver si esto necesita de nuestra complicidad con este mundo desigual y opresivo. Si es así, por qué no pelear por construir otro mundo posible.

En reflexiones similares, Mark Fisher en Realismo capitalista, argumenta algo similar sobre el anti-capitalismo: "el objetivo del movimiento no era erradicar el capitalismo, sino sólo mitigar sus excesos".  Y es más: "con nuestra complicidad en las redes planetarias de la opresión".
"Cogemos todos los abusos, discriminaciones y atropellos de los que hemos sido objeto, todos nuestros encontronazos con la violencia y el dolor y los utilizamos para justificarnos y apropiarnos de lo que queremos sin examinar ni siquiera nuestros motivos para quererlos. […] Si consigo abrirme camino a pisotones hasta lo más alto de un estudio de Hollywood, no tengo por qué hacer nada para que allí se trate mejor a las mujeres, no tengo por qué plantearme para que las voces de las mujeres tengan más espacio".
El feminismo light, universal y blanco, es lo que tiene. Porque las desigualdades reales a las que se enfrentan las mujeres afectan en su mayoría solo a las mujeres pobres; "las de clase media y alta pueden comprar el acceso al poder y a la igualdad".


Al final, algunas mujeres disponen de los medios de escapar de lo peor del patriarcado: dinero. El dinero es la forma más rápida de evitar las formas más evidentes de opresión. Y una parte de las mujeres disponen de él. Y con dinero se hace posible el acceso al poder.

Para muchas, lo pernicioso del sistema capitalista y patriarcal, es que no le permite el acceso, no es que es nefasto en sí mismo:‘"luchamos por conseguir la inclusión, no mejoramos el sistema, lo único que hacemos es unirnos a las filas de los que están incluidos y sacar provecho".

Y agrega que si escoges la libertad en lugar del dinero, si decides vivir de acuerdo con los valores de la compasión, la honestidad y la integridad, la gente te odiará porque les recordarás sus carencias".

Se está muy sola fuera del sistema. Pero hay que darse la oportunidad de imaginar una manera mejor de vivir, otro sistema, porque nuestra labor consiste en comportarnos como auténticos seres humanos.