domingo, 14 de octubre de 2018

Educar en el amor a la vida - Natalia Ginzburg y nuestros hijos

Maribel Orgaz - Virginia Baudino
Le propongo a Virginia continuar con las reflexiones de algunas escritoras sobre la crianza de los hijos. Y de inmediato  recordamos un libro que leímos hace ya algunos años de una autora italiana.

-Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg - me dice Vir sonriendo - El primer capítulo que habla del dinero y la vocación era precioso.

Yo también creo que es uno de los más maravillosos textos de amor sobre cómo cómo educar a un hijo, quizá porque es una mezcla de autobiografía, de experiencia real, y reflexión profunda.

-Pero es que no sé ni qué citar porque todo es interesante - le comento a Vir y las dos repasamos las primeras páginas.

-A mí me gustaba mucho cuando dice: "Estamos para consolar a nuestros hijos, si un fracaso les entristece. Estamos para bajarles los humos, si un éxito los ha envanecido. Estamos para reducir la escuela a sus humildes y estrechos límites; nada que pueda hipotecar el futuro, una simple oferta de instrumentos, entre los cuales es posible elegir uno del que quizá, el día de mañana, se valgan".

-Entonces voy a citar también mi párrafo preferido o uno de los que más me gustan, porque me gustan varios: "Lo que debemos realmente apreciar en la educación es que nuestros hijos no les falte nunca el amor a la vida..." Creo - le digo a Virginia - que hay que leer entero este librito. Las reflexiones sobre el dinero, sobre el fracaso.

-Quizá con estos párrafos sea suficiente y se animen a leerlo.

-Seguro que sí, es una pequeña joya.


jueves, 11 de octubre de 2018

El viento te dirá si eres feliz

Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com - Foto: Lago Benito, Alpes Franceses

El filósofo Theodor Adorno escribió, “Es suficiente con escuchar el viento para saber si somos felices.”

Walter me decía que las preguntas imprescindibles de la vida se respondían caminando en la montaña. Él me decía:  "Virgi, esas preguntas sólo se pueden abordar sentados en el refugio Frey, mirando el lago".

¿Por qué preferimos los tomates bio? ¿A qué se debe el auge de los movimientos slow? ¿Por qué hay una explosión del burn-out o de las depresiones? Todo esto y más se pregunta el filósofo alemán Hartmut Rosa...

-¡Y nosotras! - me dice Maribel cuando lee este texto.

-Bueno, Rosa tiene una teoría sobre esto- le contesto.

Según este filósofo alemán, la causa de todo esto es la crisis de las relaciones que la ‘aceleración’ de nuestras sociedades ha producido. Así, el autor observa una crisis en las relaciones con la naturaleza (se puede ver a través de la crisis ecológica que el planeta atraviesa), en la relación con nosotros mismos (se evidencia en el récord del consumo de psicofármacos) y en la relación con los otros.

¿Por qué? Porque la aceleración, dice Rosa, no nos deja tiempo para detenernos y así poder relacionarnos con los otros y con el mundo.

Hartmut Rosa propone el concepto musical de resonancia para lo que podría ser el camino de una buena vida. Este concepto funciona en las relaciones en dos sentidos: escuchar y hablar o preguntar y responder. A través de la resonancia, podemos mezclar nuestra voz con la del mundo.
Refugio de Sales. Alpes franceses
¿Por qué preferimos las verduras de la granja y si es posible que tengan tierra? Rosa argumenta que es así porque a través de este tipo de alimentos nosotros conectamos con la naturaleza. ¿Por qué cuando camino en el bosque pienso que con la brisa, las hojas me hablan? Porque buscamos ávidamente los lazos con el mundo que nos rodea y que nos ha sido quitado.

Siguiendo al filósofo francés Merleau-Ponty, Rosa habla de la posibilidad de la resonancia, de una conversación para así relacionarnos con el mundo, con nosotros y con los otros.

Cuatro criterios deben cumplirse para que haya resonancia:

1)- Que algo exterior me afecte, como una canción, un paisaje o una persona.
2)- Una reacción del sujeto interpelado.
3)- Una transformación, ya que la resonancia aporta algo nuevo.
4)- Imprevisibilidad, ya que la resonancia no se planifica.

Rosa nos invita a explorar la vía de la resonancia, porque ella es algo bueno per se. ¿Habrá encontrado Rosa la clave que tanto estamos buscando o la resonancia sólo será un nuevo elemento de alienación de nuestras sociedades?

sábado, 6 de octubre de 2018

La música de nuestra vida - Virginia musical

Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
A mi amigo Walter le gustaba la música, especialmente la música clásica. Mozart era su preferido. Y tanto que llegó a grabar en la pared de la facultad ¡Viva Mozart! Muchos años después volvió a encontrarse con su graffitti y me contó su historia. Los graffitti ya no son lo que eran….y Walter ya no está conmigo.

Dice Francis Wolf que, “donde quiera que haya un ser humano, hay música.” En todas partes, en todas las culturas y civilizaciones, hay música. Hay algunas culturas que son más musicales que otras. Pienso, por ejemplo, en Brasil y sus ritmos.

Escucho música todo el tiempo. Y cuando Maribel y yo nos vemos, nos mostramos las canciones que hemos descubierto o que nos tienen atrapadas esos días.

Así le escribí contándole que un pastor estadounidense había anotado el canto de los pájaros de su jardín, entre 1860 y 1880, abatido por la tristeza por la muerte de su esposa. Incluso registró el sonido que hacen las gotas al rebotar sobre la hierba, o el del viento. Y compuso ‘La música de los pájaros’. 

A Maribel le encanta escuchar el canto de los pájaros y fue ella quién me regaló el libro de Pascal Quignard, Todas las mañanas del mundo’ (1991).

Bailando tango a la orilla del Sena en París
Nosotros aprendemos que hay distintos tipos de música y que ésta puede ser más popular o más erudita, pero a todos y todas la música nos gusta, nos cambia el estado de ánimo, nos da movimiento, nos emociona. Dice Wolf que la música tiene efectos corporales y espirituales. Esto es posible porque el ritmo está en nuestro cuerpo antes que la música. Nos hace movernos sin ir a ningún lado y cuando bailamos, tenemos la sensación de que el cuerpo va delante de la música.

¿Somos seres musicales? He visto a los niños bailar desde pequeños. He visto cómo las madres cantan una nana a los pequeños para dormirles. He experimentado todas las emociones posibles con algunas canciones fundamentales. Todos tenemos una banda sonora de vida, aquellas canciones imprescindibles para el día a día, o para la vida. Pero sobre todo, en cada momento de nuestros estados de ánimo ahí tenemos música acompañándonos.


¿Por qué la música? Se pregunta Wolf, en este libro, porque ella nos permite “salir de la cueva donde sólo vivimos” y así “cantar, bailar, estar juntos y, también para llorar en soledad, cuando se impone el silencio sobre nosotros.” Porque, en todas partes y en todos los tiempos, hay música en lugar de nada.

Porque cuando hay humanidad, dice, hay música.

Los invito a hacer la banda sonora de su vida….¿por dónde empezamos?






sábado, 29 de septiembre de 2018

Mira, escucha, respira - La Filosofía de la Naturaleza y Virginia montañera


Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com 

                                                    ¡Mira! ¡Escucha! ¡Respira!

En general, cuando una piensa en la filosofía, lo primero que viene a la mente es Sócrates, Aristóteles o Platón. Es cierto, son LOS filósofos. Lo segundo es lo que nos machacaron en la escuela con la historia de la filosofía. Y lo tercero, para no irme por las ramas, es todo lo que tuve que revisar de mis falsas creencias cuando estudié filosofía y re-visité cuando mis hijas estudiaron filosofía. No se crean que somos una familia de filósofos, nada más lejos de la realidad.

Sin embargo, y pueden tratarme de simplista, lo que más me ha interesado es visitar a aquellos jóvenes filósofos que han intentado ‘bajar la filosofía a la tierra’, como leí que propone el filósofo argentino Diego Singer, y por una vez, evitar el tan consabido ‘diálogo con los muertos’. ¡Eureka!, hay algunos seres amables que hacen la filosofía accesible a todos nosotros para darnos ‘una suerte de biblioteca universal de interpretaciones’.

Así buscando me topé con Alexandre Lacroix, un filósofo francés, que se ha preguntado, por ejemplo, por qué amamos la puesta del sol, o acostarnos sobre el césped, o contemplar una noche estrellada, caminar por el bosque y dejarse transportar por sus olores o escuchar el ruido del mar.

¿Por qué me gusta ver el paisaje desde la cima de una montaña y me conmueve?,  o como Maribel que reconoce el canto de cada pájaro y se queda embelesada escuchándolos.

-Mira Vir - me dice- es un ruiseñor, y me cuenta su historia.


La naturaleza nos ofrece una experiencia estética esencial, nos da los paisajes, nos recuerda los souvenires de la infancia, aquellos olores y los ruidos que se enlazan con nuestras historias personales.

Con Lacroix aprendemos que la sabana es el paisaje preferidos de los humanos, que los japoneses tienen una manera particular de apreciar una flor o el bosque. Gracias a él, descubrimos que nuestra sensibilidad a la belleza de los paisajes es una parte importante de nuestra humanidad.
En fin, que tanto la filosofía como la naturaleza pueden ser un bálsamo para esta vida.

                                                      ¡Mira! ¡Escucha! ¡Respira!

Niebla matinal 
sobre una montaña
sin nombre.
                           Basho

lunes, 24 de septiembre de 2018

Sed amables, sed valientes - Grace Paley y nuestros hijos


Maribel Orgaz - Virginia Baudino
Cuando Virginia y yo nos conocimos ambas teníamos hijos muy pequeños. Compartíamos experiencias escolares, inquietudes sobre cómo criar mejor, sobre vacunar o no, escolarizar o no,  lecturas sobre cómo mejorar los colegios, nos interesaban otras mujeres que reflexionaban desde la perspectiva de los hijos ya independizados.

Aunque Vir había nacido en un país y yo en otro, era sorprendente la similitud de cómo lo vivíamos. En realidad, compartíamos las mismas experiencias sobre el modo en que habíamos dado a luz, la lactancia, el colegio, cómo afectaba a nuestras carreras profesionales, nuestro cuerpo...

-Aborrecíamos los libros de portarse bien -me recuerda Vir.

-Y los de cómo hacer a tu niño un genio.

-Pero nos encantaban los de mujeres generosas que compartían su experiencia con otras madres.

Una de ellas era -y es- Grace Paley (1922-2007), de la que ambas supimos por un artículo en el periódico. Lo habitual es que cuando Virginia o yo encontramos una lectura para compartir, nos enviemos un correo electrónico y las dos veamos si está traducido al español. Si yo puedo disponer de él en Madrid o si ella puede localizarlo en francés en Ginebra.

Cuando Virginia viene a Madrid, un día lo dedicamos siempre a comprar las lecturas que tiene pendiente en español y que no puede encontrar allí.

Aunque nos gustaron muchos otros párrafos del libro de Grace que se titula La importancia de no entenderlo todo, éste nos pareció un manual de crianza comprimido en apenas unas líneas:

Con 50 años he gastado con entusiasmo mis días y mis noches, y he llegado a hasta este presente, hija de muchas madres y madre de dos personas adultas. Ya se han ido de casa, ¿Qué se me habrá olvidado decirles? Les he dicho que sean amables (...). Sed valientes, honrados, (...) aprended un oficio, eso sí se lo dije, porque hay que contar con algo seguro cuando las cosas van mal (...).

-Es perfecto- me dice Vir - Tanta importancia en cosas sin importancia, tanto desgaste en nimiedades con nuestros hijos que al final, se nos olvida lo importante.

-Sed amables, sed valientes, honrados - leo despacio en voz alta otra vez - ¡Esto sí que habría que ponerlo en un papel en la nevera!

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El poder de una maceta - Oda a la verdura en Madrid

Maribel Orgaz - Virginia Baudino
-¿Y qué arregla una maceta?

Me espetó un compañero en la rueda de prensa hace unos días cuando le dije que por fin, Madrid parecía que iba a llenarse de flores y vegetación.

Virginia es una enamorada de las plantas y sus macetas en casa -tengo que pedirle que pongamos una fotografía de ellas en este blog- están siempre relucientes y espléndidas. Las dos salimos habitualmente a pasear al campo, aunque Virginia también hace grandes recorridos por alta montaña.

-¿Qué arregla una maceta, Vir? - le pregunto a ella.

Y las dos comenzamos una de esas conversaciones sobre los árboles, los preciosos pueblos franceses adornados siempre con flores, la costumbre francesa de llevar siempre un ramo a una casa si te invitan a comer.

También le cuento mi entusiasmo con este proyecto del Ayuntamiento de Madrid que desde su actual alcadesa, Doña Manuela Carmena, tiene una atención especial a muchos pequeños detalles que hacen de mimadrid un lugar más amable y habitable.

-A veces, los grandes cambios comienzan por cosas muy pequeñas - le digo - hay nuevas fuentes en la calle, la Plaza Mayor tendrá de nuevo plantas y eligen proyectos como el de estos artistas, Mamaza y que consiste en prestar una planta y hacer un gran jardín. Cada planta está identificada y se devuelve a los propietarios si así lo desean.


A Virginia le encanta la idea y ambas especulamos sobre por qué en el interior de España hay esta indiferencia a las flores y las plantas. En Córdoba, por ejemplo, en el Sur o en Asturias no ocurre esto. A Madrid, además, como a toda gran ciudad, si le sobra algo es cemento y no verdura.

-Aunque parece que las cosas están cambiando. Por ejemplo, en el barrio de Malasaña hay dos iniciativas sobre embellecer los alcorques de los árboles con plantas y un concurso con los balcones más floridos.

-Pues ya tenemos otro paseo pendiente, los pies de árboles y las terrazas floridas.

martes, 11 de septiembre de 2018

Caminar, andar, vivir - Virginia flâneur

"Nuestros primeros maestros de filosofía son nuestros pies, nuestras manos,  nuestros ojos". Jean Jacques Rousseau
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com  - Fotografía: Fundación Telefónica
Dime por qué caminas….
Somos una raza de caminantes. El camino de la evolución humana comenzó con los pies tres millones de años atrás, cuando nuestros antepasados, los australopitecus, se pusieron de pie. Desde ahí, la humanidad no ha dejado de avanzar.

¿Camino, entonces pienso o pienso y luego camino? El escritor y filósofo estadounidense Henry Thoreau escribió su libro Caminar en 1862. Virginia Woolf caminaba a diario, Rousseau se perdía en el bosque y Nietzsche en las montañas. Las protagonistas de las novelas de Jane Austen caminan: ‘Ni la nieve, ni la lluvia, ni el calor o la oscuridad de la noche consiguen que me quede en casa…’ Maribel y yo caminamos, juntas o cada una en su ciudad.

¿Por qué caminamos? Algunos dicen que para experimentar la libertad del mundo, otros, porque escapamos a la rutina de la vida cotidiana y sus problemas, algunos, porque necesitamos el contacto con la naturaleza. Para caminar no hace falta una técnica específica. Se puede hacer sólo o acompañado. Es una práctica pobre, humilde, cotidiana y nos permite entender la manera de vivir en el mundo. Cuando caminamos, no tenemos una historia, sólo somos un cuerpo andando, un pie delante del otro.

¿Por dónde caminas? Para Fréderic Gros, cada lugar en el que caminamos nos habla de lo que buscamos o de lo que carecemos; porque caminar es estar siempre disponible en el mundo para experimentar aquello que llamamos libertad.

Según Gros, en Caminar, una filosofía, dónde caminamos nos aporta mucha información filosófica. Veamos si me aclaro.

Rousseau, caminaba en el bosque y éste era su gabinete de escritura. Caminar en el bosque, a lo Rousseau, dice Gros, es como hacerlo en un laberinto. En él, depositamos la esperanza de regresar a los orígenes. Los japoneses tienen una tradición ancestral ligada a la caminata en el bosque y se llama shirin yoku. Su fin es el de que la persona pueda absorber la atmósfera del bosque.

Caminar en la montaña, a lo Nietzsche, se construye como un modelo de ascensión. Cuando caminamos en la montaña lo hacemos teniendo un objetivo en mente: llegar a la cima. Así, al esfuerzo de la subida le sigue una recompensa.


Thoreau nos propone otra alternativa, caminar hacia lo salvaje como una fuente de renovación. Walter Bejamin aboga por la caminata en la ciudad, concretamente en París. Pero Maribel ha caminado Madrid más que nadie que yo conozca. Están los que caminan en el desierto, como Théodore Monod, al que le asocia una experiencia cargada de espiritualidad.

También caminamos como un acto de protesta político. Marchar, es una manera de plasmar en un acto una resistencia pacífica. Caminar puede ser un acto revolucionario, dice Rebecca Solnit.
¿Qué pasa con las mujeres? ¿Por qué las mujeres no pueden caminar solas?, se pregunta Nancy Houston y ¿qué hace problemática la caminata femenina? 


Históricamente, los hombres han imaginado miles de formas de no dejar a las mujeres caminar libremente. En China se les mutilaban los pies. En occidente, el corsé, los vestidos y las faldas, así como los tacones, hacían - y hacen - difícil la posibilidad de la caminata. Durante años, las mujeres tenían prohibido caminar solas en las calles. Existen dos lugares donde las mujeres se visten para disimular su cuerpo: uno es el convento y el otro es la montaña. Si embargo, todas han -y hemos – reclamado el derecho a caminar sin ser una presa.

 ‘En el curso de mi vida me he encontrado sólo con una o dos personas que comprendiese el arte de Caminar, esto es, de andar a pie. Que tuvieran el don, por expresarlo así, de deambular: término de hermosa etimología que proviene de “persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna so pretexto de encaminarse à la Sainte Terre”. De ahí, saunterer, peregrino. Quienes en su peregrinar no se dirigen a Tierra Santa, como aparentan, serán en efecto meros holgazanes, simples vagos. (…) Yo prefiero esta etimología (…) porque cada caminata es una especie de cruzada.” , Thoreau.

Y tú, ¿qué caminante eres?