lunes, 22 de junio de 2020

Nuevas promesas para un nuevo comienzo

Nuestra habla es endeble,
sus sonidos de pronto, pobres.
Con empeño busco ideas,
busco esta palabra
y no la encuentro.
No la encuentro.
Wislawa Zymborska
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
¿Cómo pensar en medio de este insólito período de dudas inmensas? ¿Cómo hacerlo con voz propia en momentos frenéticos e inciertos? ¿Cómo estar a la altura de los hechos, cuando sólo se cuenta con palabras? ¿Cómo evitar el exhibicionismo moral que se asienta sobre una indignación impostada?

Esquivar, como sugieren Justin Tosi y Brandon Warmke, el postureo moral, en el que, en lugar de exponer razones, indagar o alimentar un debate, sólo se intenta mostrar que se está en el ‘bando correcto’ y sin intentar encontrar un lugar desde el que se facilite el diálogo y el consenso. Ciertamente, es más fácil advertir el postureo de los otros que el propio. Entonces, ¿cómo evitarlo? Últimamente no encuentro ni siquiera un bando….

Todos estamos intentando reflexionar sobre el mundo de después….sin detenernos a hacerlo en el de ahora. Y ¿qué pasa con nosotros, ahora? ¿A dónde va esta espera? Si sólo fuéramos capaces de decir que tenemos miedo de tener miedo…

Hanna Arendt nos presta algunas ideas que nos permiten tejer ciertas reflexiones. Así “Humanizamos aquello que está sucediendo en el mundo y en nosotros mismos, por el mero hecho de hablar de ello; y mientras lo hacemos, aprendemos a ser humanos.” Madejas de ideas que vamos desenredando, tirando de ellas con cautela, mucha cautela, porque este último tiempo andan bastante anudadas.


¿Es posible dialogar en esta situación de gran suceptibilidad? ¿Qué responsabilidades nos competen, si es que nos competen, en el cuidado de este nuestro mundo y de los otros?

¿Qué es la esperanza? Si bien esta es una idea tradicionalmente religiosa, también está íntimamente ligada con la filosofía. En ella puede encontrarse una idea de espera, de expectación, de futuro, de un sueño hacia adelante o de un todavía no [Ferrater Mora] ¿Puede la esperanza ser entendida como categoría política? Quizás es de una gran ingenuidad pensar que siempre existe la posibilidad, hasta el último suspiro, de un nuevo comienzo, de nuevas promesas y pactos sobre nuestra vida en común.

Dice Miriam Martinez-Bascuñan, que “la ausencia de certezas no nos libera de la responsabilidad de cuidar el mundo que compartimos.” Pues sí que lo tenemos complicado…


Y los ‘ejercicios de pensamiento’ de Hanna Arendt nos alertan sobre el auge del totalitarismo, cuando la filosofía ha desertado del campo de acción pública, dejando vía libre al terror. Si la filosofía pierde el espacio de la vida pública, aquella en donde debatimos de un nosotros político, se abona un terreno fértil para el nacimiento del totalitarismo.

¿Pensar puede preservarnos del mal? Hoy hablamos de vacunas. ¿Y si la vacuna que tanto necesitamos es la de resguardar la opinión personal y pública de la mentira sistemática que busca neutralizar el juicio de los ciudadanos? Las democracias necesitan, según Arendt, de una robusta cultura de la disputa, en la que se englobe la pluralidad, la diversidad y la diferencia, porque “el mentiroso posee la gran ventaja de saber antes lo que el público quiere escuchar.”

Se está haciendo difícil ejercitar el pensamiento en este mundo sobre-informado. Se hace difícil apostar por la esperanza, en un sentido colectivo, cuando comienzan a cobrar auge las teorías del colapso o las de la conspiración. Se hace difícil apostar por la humanidad en un contexto de crisis. El escritor Rodolfo Rabonal, citando a Lacan, dice que nadie sabe qué cuernos es ser feliz, “a menos que la felicidad se defina en la triste versión de ser como todo el mundo.”


Hemos aprendido con todo esto que es indispensable romper el pacto con este modelo de sociedad que postula, como sostiene Frank Schimacher, que el ser humano es egoísta”. Ya no podemos dejar que los economistas gestionen el alma del sujeto moderno, de nosotros.

¿Cuál es el rostro del mundo en donde se da origen a la política? Porque el abandono de las masas y el triunfo de un tipo de humano que encuentra satisfacción en el trabajo y en el consumo es peligrosísimo. 

¿Nada sirve? Probablemente haya que tirarlo todo y volver a empezar. Como nos sucede a todos, estamos inmersos en tramas, en tejidos previos. Leer nuestras vidas, es desanudar esas madejas entrelazadas con muchas otras. Volvemos al pasado, intentando con ello dar sentido al presente y proyectar un futuro incierto.

Dependemos de la confianza en los otros, y en lo que nos dicen. Porque como dice el filósofo argentino Diego Singer, en un post que me pasó un amigo, a propósito de Zizek, que donde crece el peligro, crece también lo que salva. ¿Cómo ha podido ocurrir esto?


No hay una única solución a los problemas que se plantean, y lo que Arendt propone, a simple vista, parece simple: “pensar sobre lo que nosotros hacemos” y lo que vamos a hacer a partir de ahora. Porque pensar, argumenta, es una de las actividades más puras del ser humano. Pensar para “llegar a comprender la naturaleza de la sociedad y su evolución hasta el momento en el que un acontecimiento marca el inicio de una nueva época aún desconocida.”

La filosofía arendtiana es, según Bérénice Levet, “una filosofía de la libertad, en la que ella la entiende como la facultad de comenzar cualquier cosa, de introducir algo nuevo, de lo imprevisible.”

Quizás debamos espantar el miedo, el enojo, la ira, la tristeza y la incertidumbre producto de este tiempo tan inhóspito, para acoger la fragilidad como dimensión de la existencia humana que tanto cuesta aceptar y así comenzar de nuevo.

“Indentificándose con una buscadora, se refirió al deseo de que hubiera "un descubrimiento en la vida […]. Algo que uno pueda coger entre las manos y decir: esto es…". Algo que tuviera la capacidad de irrumpir en ocasiones en su conciencia junto con la sensación de la propia extrañeza de su ser, andando por el mundo. Aquella extraña que era para sí misma: ¿qué podría decir de su alma? Su respuesta: "la verdad es que no se puede escribir directamente acerca del alma. Al mirarla se desvanece". Irene Chikiar Bauer sobre Virginia Woolf.

jueves, 21 de mayo de 2020

Escribir y otras alegrías


Mientras mis colegas escriben los grandes versos
de la poesía,
yo hiervo chauchas ballina.
Señora, me dijo el verdulero ni anchas ni finas
pura manteca.
También me dedico a otras alegrías.
Juana Bignozzi
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Hace poco leí, en una época pre-covid19, que las mujeres, según algunas periodistas, reproducimos la misoginia económica del sistema porque nos negamos a lanzarnos a por trabajos en los que se gana mucho dinero. El artículo se titulaba ‘El poder de la audacia: demandar tanto como los hombres’.

Las autoras decían algo así como que debíamos levantar los frenos que no nos dejan lanzarnos a por nuestro éxito profesional. Con ello, se pretendía enseñarnos las formas de eliminar la autocensura que, según ellas, no nos permiten despegar exitosamente con nuestra empresa. Para desbloquearnos, o mostrarnos el camino, estaban esas mujeres con un recorrido exitosísimo y excepcional que, nos contaban cómo hicieron para desembarazarse de los determinismos sociales. La conclusión es que, al final final, lo que tenemos que hacer es ser audaces. Punto.

Y, si no triunfamos es porque, en última instancia, no hemos sido capaces de dejar de boicotearnos. Suelo llevar mal eso de que me endilguen culpas. Y antes que aceptarlas y castigarme, prefiero leer, hablar y preguntar porque un argumento como este, que está muy en boga, me deja estupefacta. Años de investigaciones feministas resueltas en un santiamén.
Imagínense la situación, me levanto, voy a desayunar, todo es inusual a nuestro alrededor, estamos obligatoriamente confinados, y mientras desayuno me atraganto con este artículo.

A ver si entendí bien, nosotras no vamos a por el dinero, no somos, por lo tanto, emprendedoras (una palabra que gusta mucho en los albores de este capitalismo del rendimiento), no salimos a luchar con uñas y dientes por el poder, por subir en la escala social lo más alto y rápido posible….Creo que me perdí algo por aquí. O más bien, creo que intencionadamente gracias a estos argumentos decidí detenerme un rato.

“Ayudo a las mujeres, dice Claire Wasserman, a saber cuánto valen en el mercado […] porque el dinero es más que dinero, es poder e influencia.” 

Para enseñarme lo que puedo valer en el mercado, se siguen las enseñanzas de la dominatrix, Kasia Urbaniak que, inspirada en el maestro de perros César Millán, ha creado una escuela para aprender a tener y ejercer poder sobre los hombres. En esta parte del relato, ¡ya me he atragantado con mi café! No sé si me atraganto por la dominatrix y sus consejos o porque me comparen con un perro…

Pedirle a un sistema que se ha construido con el objetivo de explotarte que deje de hacerlo es una ingenuidad. Esto es lo primero que se me vino a la mente. Lo segundo fue lo de que, bajo ningún motivo, cargaré con la culpa de la desigualdad, como si las estructuras del sistema de reproducción hubieran desaparecido en un santiamén.


Joanna Russ, escritora feminista de ciencia ficción y una crítica muy ingeniosa y malhumorada, escribió Cómo acabar con la escritura de las mujeres, y me viene fenomenal para buscar argumentos contra ese tipo de ideas, tan en boga últimamente.

Según Russ, el truco consiste en hacerte creer que tienes libertad para crear y luego, “a través de diferentes estrategias desarrolladas se ignora, se condena o se minusvaloran las obras realizadas por las mujeres.” ¿Te suena? Crea tu camino

Con un estilo en el que la rabia se mezcla con el humor y con muy poca diplomacia, Russ desdeña los lugares comunes y hace primar la solidaridad por sobre todas las cosas. Para empezar, nos insta a crear lo tuyo cuando no te encuentras a vos misma en la cultura. “Si la historia oficial se niega a contarte de dónde vienes, siempre puedes crear tus caminos.” Compartir las lecturas, entre nosotras es un antídoto contra el olvido. Descubrir y compartir a las autoras que existen, y las que existieron, al margen de la cultura formal.

Adrianne Rich nos incitará a acudir “a la poesía o a la ficción buscando una manera de estar en el mundo…buscando con mucho empeño guías, mapas, posibilidades….”

Esto está muy lejos de la dominatrix, aunque nada tengo contra ella.

Rompe con esas expectativas taaan altas

Restablece la credibilidad de la imagen que tienes de ti misma como escritora, pintora, escultora, deportista, entrenadora, periodista, arquitecta, empleada doméstica, maestra, camionera, psicóloga, traductora, bióloga, etc.

El clima de expectativas “es una forma especialmente desmoralizante que tiene lugar en el mandato de no-ser-creadora y que mina el tiempo, la energía y la autoestima, y se introduce de un modo tan intenso en las expectativas que una mujer tiene sobre sí misma que llega a constituir un quiebre en su identidad.”

Pero, sin embargo, escribe

Las mujeres se empeñan en seguir haciendo arte – y lo que sea - a pesar de los obstáculos que se encuentran por el camino. Hace muy poco, vi en un gran museo una exposición temporal destinada a dos pintoras del siglo XVI, Sofonisba Anguisola y Lavinia Fontana. Rebusqué en mi memoria, encontré a Berthe Morisot y a Mary Cassat y me pregunté por las pintoras argentinas y españolas. ¿Dónde están? ¿En qué lugar de la memoria colectiva ellas han sido arrumbadas?


Empecínate

Las mujeres se empeñan en hacer arte, o lo que deseen hacer, a pesar de todas las innumerables trabas que se encuentran por el camino. Créanme, son muchas.

Joanna Russ nos describe esto, el canon oficial, como un club, en el que sus miembros disfrutan de las ventajas de pertenecer al mismo, no se interrogan acerca del origen de esas ventajas, aceptan su situación porque es lo más cómodo y habitual. Dejar entrar a gente ajena al club perturbará a los miembros y a la existencia del club. ¿Por qué molestarnos en abrir las puertas?

Reconoce las técnicas utilizadas para infravalorar tu trabajo

Tómalas con deportividad o si quieres, enfádate. Muchas personas llevan mal lo de perder, especialmente sus privilegios. En tu camino, innumerables formas de desvalorizar tu trabajo se pondrán en juego. ¿Has experimentado algunas? Tranquila, no eres tú, es el sistema.

1.Mira sobre lo que escribiste (no es Serio)
2.Seguro no lo escribiste vos
3.No deberías haberlo escrito
4.Sí, lo escribiste (a veces te dejan entrar al Gran Salón, el de en serio)
5.Tú no eres realmente tú (alguien lo habrá hecho por ti)
6.¿Cómo puede ella haber escrito eso?
7.Esto no es realmente esto: serio, correcto, ¡importaaante!
8.Solo unas pocas lo logran porque deben ser extraordinarias para destacar.
9.Sí, lo escribiste, pero fue suerte, sólo fue uno
10.Sí, lo escribiste, pero su importancia es limitadilla.


Construye tu grupo de apoyo: teje redes

Con un coste considerable de tiempo, energía y confianza, las mujeres crean, para construirse y descubrirse, grupos de apoyos de mujeres. Crea alianzas, busca la solidaridad femenina. Últimamente anda escaseando, pero igual búscala. No te aísles. No necesitas ser Shakespeare para escribir.

Nuestra producción, sea la que sea, parece, dirá Russ, “extraña, no convencional, poco trivial.” No eres lo que se supone que deberías ser. Créeme, sé de lo que hablo, trabajo en un mundo completamente masculino.



Emily Dickinson ha sido tradicionalmente aislada de su generación y de las corrientes literarias, porque “es rara”, “no encaja” o “tiene defectos”. Su “poesía no es lo que debería ser”.
Tuve, y tengo, la suerte de participar en varios de estos grupos. No se crearon con este fin, sino en torno a un proyecto. Así conocí a Maribel y a muchísimas amigas más que me han ido acompañando en mi camino. Que dé sus frutos, es otra cosa, pero ¡qué bien se siente estar acompañada! Porque lo personal es político, lo dijo Kate Millet y también Virginia Woolf en Tres Guineas.


Busca modelos

Las mujeres tejen redes, conexiones entre ellas. Pero cómo hacerlo, por ejemplo, en el caso de la literatura femenina, si han sido ignoradas, ridiculizadas y silenciadas. Las redes, y la búsqueda de modelos, nos permiten evitar el aislamiento y la marginalidad permanente.

Las modelos, cumplen la función de “guías para la acción y de indicadores de posibilidades” porque las mujeres “se enfrentan a un continuo y masivo desaliento”. Necesitamos “tener modelos para comprobar las maneras en que la imaginación literaria ha representado el hecho de ser mujer y también como una garantía de que pueden crear arte sin ser inevitablemente de segunda categoría, sin volverse locas o dejar de ser amadas.”

Emily Dickinson fue considerada, por diferentes escritoras, como ‘una hermana mayor’ o como ‘la madre de todas las poetas’. Yo agregaría a Virginia Woolf, Elisabeth Gaskell, Jane Austen, Luisa M. Alcott y su ‘Mujercitas’, Selva Almada, Juana Bignozzi, Luisa Futoransky y toda una larga lista.

Erica Jong escribió que “ser mujer significa creerse muchas de las definiciones masculinas” que nada tienen que ver con nosotras. Adrianne Rich decía que “tenía un deseo sutil de escribir como lo hacen los hombres” porque así estaba hecho. Hasta que decidió construirse su camino.

“nosotras las mujeres/las poetas…
abandonaremos las ruinas
y encontraremos otra cosa.”

Sin modelos a seguir, se hace difícil alzar la voz y ponerse manos a la obra.  “Privadas de una tradición, acusadas de todo tipo de cosas, de ser indecentes, ridículas, excepciones, indignas de ser amadas, de miseria, de locura y de suicidio, criticadas por ser femeninas, criticadas por no ser femeninas, trabajando con temas equivocados, elitistas o una imitación. Condenadas a ser de segunda categoría o a ser anomalías, aún así, las mujeres siguen escribiendo.”

¡Escribe!

Las mujeres se han colado una y otra vez. Y lo seguirán haciendo. Escriben. Siempre escriben. Escriben cartas, diarios, blogs, recetas, artículos científicos, tesis, cuentos, poesía, novelas…
Escriben dentro del canon, algunas pocas. Escriben en los márgenes, muchas. Porque solo en los márgenes se puede crear. Y para valorar tu trabajo, tienes que romper con lo anterior, para escribir como quieras, porque cada vez que te apliquen los criterios aceptados, te saldrás de la norma y no estarás a su altura.

Virginia Woolf nos alertó sobre la existencia y la importancia de los valores femeninos y los peligros de que las mujeres tengan una mentalidad masculina cuando entran al mercado laboral, también lo hizo sobre la competición por subir en las jerarquías. Hizo hincapié en la gratuidad de las universidades, demandó salarios para la maternidad y para las mujeres solteras. Lo hizo hace más de cien años.

Que escriban las mujeres. Que escriban para evitar caer en la tentación de encajar o de reproducir las normas. Que no te hagan creer que es tu culpa por no entrar en los cánones, en el status quo. No te boicoteas, simplemente no estás de acuerdo con esas normas. Mejor, inventa unas nuevas y escribe, pinta, juega, trabaja, canta, compone...

"No deseaba ya tanto escribir como un hombre, pues había tenido niños, y me parecía que sabía muchas cosas sobre el jugo de tomate, y también que, aunque no las pusiera en el relato, era útil de todas formas para mi oficio el que yo las supiera: de un modo misterioso y remoto hasta esto era útil para mi oficio. Me parecía que las mujeres sabían sobre sus hijos cosas que un hombre no puede saber jamás."
Natalia Guinzburg

viernes, 17 de abril de 2020

Abrir las puerta a otros relatos del mundo


Deberás comenzar a hacer de nuevo la casa,
reacomodar los muebles, limpiar las paredes,
cambiar las cerraduras, romper los retratos,
barrerlo todo y seguir viviendo.
María Mercedes Carranza
Virginia Baudino - virbaudino@gmail.com
En medio de tiempos difíciles, la lectura es algo que puede permitirnos interpretar nuestras vidas en este mundo indescifrable. Ella, nos muestra esas otras maneras de ser, de estar y de pensar este mundo.

Leo desde pequeña. Creo que siempre he leído. Pero en tiempos como estos, donde se nos incita compulsivamente a leer, no importa qué, no he podido hacerlo. Leo, pero de manera desordenada, poco, con sobresaltos e incluso con taquicardia.

Por eso se me ocurrió recordarme por qué leo, y cuáles son, si las hay, las particularidades de la lectura de las mujeres. Quizás así, pueda recordar lo que, dice Alain de Botton, realmente importa y así “encontrar la esperanza que necesitamos para transitar entre las dificultades de la vida”.

En 2005, Laure Adler y Stefan Bollman escribieron juntos una serie de libros. Las mujeres que leen son peligrosas (2205) y Las mujeres que escriben viven peligrosamente (2006) hicieron su aparición abordando, como bien lo dicen sus títulos, la lectura y la escritura femenina.

Laure Adler escribe Mujeres y libros, historia de una afinidad secreta; que resume perfectamente lo que ha sido el tránsito de las mujeres desde la lectura – negada al principio- hasta la producción de sus propios textos y a la introducción del ‘yo’ como una manera de tomar la palabra y construir un relato desde su perspectiva.

Que las mujeres han sido excluidas, silenciadas e invisibilizadas de las condiciones de producción artística, no es nada nuevo. Nuestra voz y nuestra experiencia han sido histórica y políticamente invisibilizadas.

Y como dice Peio Riaño, “las ausencias, las vejaciones, los eufemismos, los silencios, las tergiversaciones han hecho desparecer el relato de una parte de la población, las mujeres” y es imperativo recuperarlo, reconstruirlo y difundirlo.  “La historia de los oprimidos es un discontinuum”, escribió Walter Benjamin.


La filósofa belga, Vinciane Despret, cree que es indispensable abrir las puertas a las otras maneras de hacer historias para así construir otros relatos del mundo. Empecemos por abrir las puertas a esos otros relatos omitidos porque son posibles y necesarios. Esas historias posibles se construyen cuestionando el orden de cosas, desordenándolo, desacordándolo, y dispersándolo.

Por eso, es indispensable alimentarse de las narraciones de las mujeres como maneras de disputar al relato único. Dice Simone de Beauvoir que “querer ser libre es también querer que las otras mujeres sean libres.” Mi libertad es la de todas.

¿Cómo leo? ¿Por qué leo? Recordar quizás me aporte la calma necesaria para adentrarme nuevamente. Recordar, de latín recordari, volver a pasar por el corazón.
“En principio, están sus manos replegadas portando el objeto como si fuera sagrado. Sentimos el cuerpo entero concentrado, así como nuestro interior, eso que hay detrás de la superficie de la piel, que es sólo nuestro y que no se puede decir. Nosotras las mujeres y ellos los libros.”
“Entre nosotras y ellos circula una corriente cálida, una afinidad secreta, una relación extraña y singular llena de prohibiciones, de apropiaciones y de reincorporaciones. Porque un texto constituye, para las mujeres, un pozo de secretos, el vértigo, la posibilidad de ver el mundo de otra manera y de vivirlo diferente, puede dar el espaldarazo para dejar todo, para volar hacia otros horizontes, porque con la lectura podemos conquistar las armas de la libertad.” 
Leer implica cancelar el mundo, evadirse, resistir y emanciparse. Pero cómo hacerlo cuando, como dice la psicoanalista argentina Alexandra Kohan, es el mundo el que ha  sido abruptamente cancelado. 

Virginia Woolf escribió Una habitación propia, en el que indaga sobre la marginalización de las mujeres en la literatura y en el que estipula que una mujer debe disponer de algo de dinero y un cuarto propio para así poder producir un texto literario.

Cultivar ese espacio de una, me parece indispensable para poder construir nuestros propios recursos y así poder ir lo más lejos posible de lo que pensamos. La lectora va construyendo esa habitación propia de la que nos habla Virginia Woolf. Pero ¿cómo podemos apropiarnos de los recursos necesarios para comprender la realidad, nuestra realidad y la vida?

Leer y escribir nos demandan una gran atención, construir un espacio aislado, solitario y silencioso. 


Leer, para suspender el tiempo, leer para exorcizar los demonios, para luchar contra los dragones.
La lectora, dirá Adler, se apropia de su intimidad, está sola y nadie la ve leer. Stefan Bollmann agregará que, leyendo, en silencio, ella “establece con el libro una alianza: el libro como aprendizaje y conquista de la libertad.” No hay un solo libro en mi vida, hay muchos libros, todos esos libros leídos que me construyen como lectora.

¿Deberé podar las lavandas esta primavera? ¿Y los rosales? El tiempo está graciosamente soleado, precioso, como si el universo se estuviera riendo de nosotros, encerrados, confinados, domesticados. ¿Cuál es el jardín de mis sueños? ¿Qué lectora quiero ser?
“Las mujeres leen para comprender, para conocer los problemas del mundo, para tomar consciencia de su suerte, más allá de las barreras generacionales y geográficas.” Yo agregaría, que leen para tomar consciencia también de las barreras de clases y de género.
“La lectura entre mujeres, escrita por mujeres, teje un lazo de solidaridad” que inquieta al status quo. Las mujeres que leen son peligrosas.
Porque leer da ideas, da placer, nos transporta a otros mundos posibles y nos permite cuestionar todo. Y no nos niega nuestros problemas, no nos dice anímate. Los libros nos dicen, también, que la tristeza o el miedo, están inscritos en el contrato de la vida. Y que esto que ha llegado de golpe, no debe hacernos olvidar todas las dimensiones de la existencia humana, dice el filósofo André Comte-Sponville.


Leo de todo y sin complejos. Yo y los libros. Los libros y yo. Unos lazos sutiles se tienden entre yo y mi lectura y así la proclama de Gustave Flaubert Lean para vivir, cobra vital importancia.

Leo porque quiero, porque me gusta, porque me es indispensable. Acto solitario, la lectura nos permite realizar una suerte de caminata, en un sentido y en el otro, en la que nosotras buscamos respuestas a las cuestiones esenciales y vitales: ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? ¿quién soy? Para, como dirá Iván Jablonka, “hacer un poco más inteligible nuestras vidas.”

“La historia de todos los tiempos, y la de hoy especialmente, nos enseña que […] las mujeres serán olvidadas si ellas se olvidan de pensar sobre sí mismas” dijo la activista alemana Louise Otto-Peters. 

Muéstrame tu biblioteca y te diré quién eres.


Mi piel, el gesto de la boca,
son los días que he vivido,
ahora de repente abreviados
en la imagen que veo en el espejo.
Como viniendo de muy lejos,
toco con la yema de los dedos
todos los años
que en mis párpados son,
parpadeo,
el asombro primero,
luego el qué le vamos a hacer
se reflejan en el espejo.
María Mercedes Carranza

martes, 24 de marzo de 2020

Qué se puede escribir durante estos tiempos extraños

Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Llamábamos a la tierra una de las flores
del cielo, y llamábamos al cielo el infinito
jardín de la vida.
Friedrich Hölderlin

Este mundo conocido de repente se ha vuelto desconocido. ¿Qué se puede escribir durante estos tiempos extraños? ¿De qué podemos escribir sin que suene banal o falto de empatía? ¿Con qué herramientas hacerlo? ¿Desde dónde hacerlo? Hay urgencias, seguramente.

¿A dónde van nuestras inquietudes? ¿Dónde ponemos el dolor, el miedo, la tristeza, la soledad, la alegría? Pareciera que todas nuestras inquietudes, así como nuestras necesidades humanas, estuviesen en espera. Hay ahora algo más importante que urge tratar.

¿De qué podemos hablar sin que nuestras palabras se permeen del miedo generalizado? ¿Dónde está nuestra humanidad? ¿A dónde se ha ido? Como dice la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, “partir de la pregunta de Dostoyevski: ¿cuánto de humano hay en un ser humano y cómo proteger el ser humano que hay dentro de ti?”.

¿Cómo escribir sin ser pueril, sin ser imbécil? ¿Hay mañanas? ¿Qué hay de mañana? En este momento, vivimos de primera mano el experimento de encierro global nunca jamás vivido ni imaginado.

No sabemos cuándo saldremos de esta situación ni, lo que me parece aún más importante, cómo saldremos. ¿Podremos seguir siendo las mismas personas? ¿Cambiarán nuestras prioridades? ¿Seremos capaces de re-organizarnos, re-construirnos, re-pensarnos? ¿O volveremos a retomar nuestras vidas como si nada? ¿Podremos hacerlo?


Y ¿qué se hace con este miedo que se ha instalado en nosotros, en los nuestros y en los otros? ¿Se reconstruirá la epidermis social después de este shock? ¿Cómo pasamos de la nada al encierro? ¿Cómo procesamos todo esto?

Y ¿qué haremos con toda esta hiper-vigilancia desplegada? ¿Despertará monstruos totalitarios que acechaban? ¿Cómo se utilizarán las tecnologías, no ya en función de la prevención de epidemias sino para el control de la población? ¿Qué haremos con esos discursos autoritarios que van a desplegarse sobre falta de confianza en la capacidad de las personas para respetar las reglas?

Llevo una semana tratando de escribir, pero todo me parece banal, lo urgente ha tomado nuestras vidas por asalto. Todo lo demás ha quedado relegado a la supervivencia. 

¿Soy yo la que siente este miedo en el cuerpo, en la mente, en los rincones de la casa? ¿Soy sólo yo la que cobra consciencia de los otros, del movimiento, de las capacidades limitadas – o ilimitadas - de la gente, de esos lazos de solidaridad que se evidencian (o no) en las pequeñas cosas? ¿Soy yo la que muchas veces, más de las que quisiera, pierde la fe en la humanidad?


Dice Alexiévich, “¿Cómo comprender dónde nos encontramos? ¿Qué nos está pasando? Aquí, ahora….no hay a quién preguntar".

Y así, me – te, nos – “asalta la duda de si es el pasado o el futuro. Pero esto es el futuro.” [ídem] Sin embargo, ahí está aún esa añoranza de que todo vuelva a despertar.

Dice Byung Chul Han en su libro Loa a la Tierra que “La espera incierta y la paciencia necesaria […] engendran un sentido especial del tiempo".


Este tiempo que ahora ha cambiado y que experimentamos de otra manera. Lo mismo ocurre con nuestra relación con el ayer, volviendo a él intentando recuperar algo de esa ingenuidad perdida.

“Aquella alba del amanecer es un tiempo preliminar que antecede al tiempo habitual y en el que el tiempo pasajero, el tiempo de la vida y la muerte, se ha superado.”, Byung Chul Han.

Al mirar atrás, una siente la necesidad de responder a la pregunta de “¿para qué ha sido todo esto?” 

Escribir en tiempos que no son los normales.
En este mundo que miserablemente aspira a la corrección
en varios campos
perfecciono mi conocimiento en usos y costumbres
sigo agradeciendo, sigo agasajando
y aunque no cante en parques y jardines
un pedazo de aquel proletario corazón
aún no ha sido tentado
Juana Bignozzi





lunes, 10 de febrero de 2020

Soy alguien que lee poesía



El Universo está hecho de historias,
no de átomos.
Muriel Rukeyser
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Hace unos cuantos años que leo poesía. Cuando era más chica, y fruto de la educación escolar, pensaba que la poesía era inentendible. Sin embargo, siempre volvía a ella, una y otra vez.

Poco a poco, empecé a encontrar en ella una lectura filosófica y estética de la vida. Incluso, leyendo a Juan Gelman o Paco Urondo, descubrí la poesía política en todo su esplendor. Si, se puede hablar de política en un poema. ¡Y cómo!

Con el tiempo, las mujeres -tan relegadas en literatura y en poesía – empezaron a ocupar un importante lugar en mis lecturas, hasta que hoy son mis preferidas. Con calidades diversas, sus poemas fueron reveladores, reconstructores de una identidad, de inquietudes, de búsquedas.
Los textos de Virginia Woolf son nodales en estas lecturas. Es a partir de sus reflexiones, que una dirige su mirada hacia un lugar negado que, en cierta medida cuestiona el orden establecido, dado por hecho. Una habitación propia es una declaración de derechos y una puerta a la autonomía de las mujeres.

La palabra escrita, hecha poesía, que también puede cuestionar el orden establecido “con una idea clara, la de desmantelar lo dado, sacudir las certezas, revisar el orden donde les toca vivir a las mujeres.”, argumentará Rossana Álvarez respecto a la poesía de Adrienne Rich y June Jordan.

Si algo hacen las mujeres es integrar o conectar los diferentes aspectos de su vida. A propósito de la poesía de Jordan, dice la propia Adrienne Rich que había logrado incorporar e integrar la poesía en todo lo que hacía: periodismo, teatro y activismo político. Pero especialmente, había integrado la poesía en su amistad con los otros.


Escribió Rich que “La poesía para ella [Jordan] no era un pabellón del jardín ni el simple testimonio de su vida interior. Por el contrario, creía que la poesía era un instrumento para fortalecer la solidaridad y el vínculo entre las personas, especialmente entre la población oprimida.”
Hey
Vengan
Salgan
Donde quiera que estén
Necesitamos reunirnos
En este árbol
Que no ha sido
Plantado
Todavía. 
(Invocación a las minorías silenciosas)

Evidentemente, antes de estas poetas están las que escriben en mi lengua materna. Todas ellas. Podría decirse que mi inmersión en la poesía coincidió con la partida de mi país. La partida, el movimiento, el viaje, la pérdida del territorio y de los afectos, la llegada y la transición a la integración, son elementos que ordenan estas lecturas. Mario Benedetti escribió sobre el exilio, sobre ‘las patrias interinas’, sobre las partidas y los regresos.


Silvia Barón Supervielle, que cambió de lengua y se convirtió en escritora al mismo tiempo, escribe en dos idiomas – español y francés -, desde las ‘dos orillas’, y dirá que para ella, “en la poesía todo es música, música hecha palabras.” 

Cambié de sitio
la fotografía
a fin de liberar
su mirada
de la mía.

Así, a veces lento y otras rápido, las poetas fueron golpeando a mis puertas y entrando unas tras otra, o juntas. A veces, una llevaba a otra. Y así llegó Alejandra Pizarnick y con ella, Luisa Futoransky:

Soy de otra parte, otro cuerpo, otro golfo
para que me entiendan
para que no me entiendan demasiado
por atajos y digresiones/escribo.
A mano limpia. A campo traviesa. 

Y Juana – mi querida Juana – Bignozzi:

¿Qué vas a hacer de tu vida juana?
¿Qué vas a hacer juana
con la juventud que aún te queda,
con las historias inverosímiles
los amigos en solfa,
los amigos en serio
y toda esta ternura
que quién sabe adónde irá a parar?
 Mujer de cierto orden


Juana escribe para ‘vivir la vida’, la de todos los días, “la compartida, la muy conversada y rescatada en versos que nos salvan de la fugacidad y el olvido.”  Escribe, como la gran mayoría de las poetas que me gustan, el día a día, el que puede ser el mío o el tuyo.

Y vino Gioconda Belli y su Apogeo: Dos cosas que yo no decidí decidieron mi vida: el país donde nací y el sexo con el que vine al mundo.

Y Olga Orozco:

Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine,
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido entre las tinieblas.
¿Quién me oirá si no me oyes? 
                                                                 Si me puedes mirar

Ida Vitale y, por supuesto, Wislawa Zymborska, Edith Södergran, ¡Ajo! Que, gracias a Maribel, me dedicó un librito suyo. Y las poetas estadounidenses como Silvia Plath, Anne Sexton o Maggie Nelson que se enamoró de un color, el azul, aquel que sirve “para recordar que todas las palabras, no sólo algunas, se escriben en agua.”

“Supongamos que empiezo diciendo que me he enamorado de un color. Supongamos que digo esto como si se tratara de una confesión; supongamos que rasgo mi servilleta mientras hablamos. Empezó lentamente. Un día se volvió más serio. Luego se volvió, de algún modo, más personal. […] ¿Por qué azul? La gente me pregunta esto con frecuencia. No sé cómo responder. Quisiera contestar que no podemos elegir qué o a quién amamos. Simplemente no podemos elegir.”

Pero no es sólo una afición propia la poesía, es también compartida. Empezamos a enviarnos poemas con Maribel cuando me mudé a Francia. Y de ahí, empezamos a idear otras maneras de regalarlos a las amigas. Y Maribel creó sus Cuadernos de Poemas, y nos lo regaló. Y nosotras se los regalamos a nuestras amigas y a nuestras hijas.


Y así, regalando poesía hemos ido envolviéndonos de poesía, enredándonos en poesía. A mis amigas les mando tarjetas con poemas, recortes, hojitas que tardan mucho en llegar. Ellas no saben que nunca son versiones originales. Siempre, siempre, re-escribo los poemas que me gustan. Saco frases que para mí sobran, cambio palabras, recorto, cambio párrafos. Una versión original es improbable que caiga en sus manos. ¿Podríamos llamarle una ‘intervención’ del poema? ¿Una huella? ¿Un trazo? ¿Es el mismo? ¿Es uno nuevo?

No sé de corrientes poéticas, ni sé cuáles son las propiedades que tiene que tener un buen poema. No sé de métrica ni de rimas. No sé qué es una copla, una seguidilla, una redondilla o un cuarteto. Quizás me gusta la poesía moderna por sus versos libres. Soy alguien que lee poesía. A veces me gustan y otras no. La poesía sirve para explorarnos, cuestionarnos, resistirnos, no sólo a nosotras sino a nuestra comunidad. Y sirve también que las mujeres se relaten a ellas mismas, dice Rosa Berbel.

Escribió Maya Angelou:

Aprendí que las personas
olvidarán lo que dijiste
olvidarán lo que hiciste.
Pero las personas
nunca olvidarán
cómo las hiciste sentir.
¿Por qué deben existir las mañanas de los lunes?


lunes, 27 de enero de 2020

Imaginar otros mundos fuera del capitalismo - Mark Fisher, ¿No hay alternativa?



¿Cómo es que llegamos a esto?
Si has creído que este escombro es mi pasado 
hurgando en él para vender fragmentos 
entérate de que ya hace tiempo me mudé
 más hondo al centro de la cuestión.
Adrienne Rich
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
En 2013, Mark Fisher publicó, luego de su estupendísimo libro Realismo Capitalista: ¿No hay alternativa? (2009), Los Fantasmas de Mi Vida. Todos ellos en Caja Negra Editores.  Fotografía, Clarín.

Acosado por una fuerte depresión a lo largo de su vida, Fisher ataca y desgrana una idea central, la de la relación entre depresión y política. Fuertemente desgarrador pero clarificador, Fisher escribe en carne propia y con ‘resentimiento’, dice, con “furia hacia la posesión de recursos y privilegio [de la clase dominante]”, casi un testamento.

Contrariamente a lo que se nos publicita interminablemente de que las enfermedades mentales pertenecen al ámbito personal, psicológico y privado; Fisher argumentará que hay una correlación entre el auge del realismo capitalista, con su lenta cancelación del futuro, la mediocridad de la cultura -en especial la música-, el consumismo, la precarización laboral, la globalización y la destrucción de la solidaridad, con la depresión individual y colectiva.



Para Fisher, el Realismo Capitalista muestra hasta qué punto “las relaciones sociales capitalistas están reificadas al punto que cualquier modificación en ellas es inimaginable.” Salvo algunos pocos nostálgicos, quiénes son capaces de imaginar otros mundos posibles por fuera del andamiaje del capitalismo de hoy.

A partir de la década de los ´80, con la Doctrina del Shock brutalmente impuesta en Chile y Argentina, y que luego se exportaría planetariamente, sentando las bases del neoliberalismo que tanto conocemos, el capitalismo “cada vez más dominaba [y domina] todas las áreas de la vida, la cultura y la psiquis.”.


En un ambiente social dominado por la falta de solidaridad, endurecido, como dice citando el trabajo de Jennifer Silva, en el que predomina la competencia constante y la inseguridad, y en donde establecer algún tipo de confianza, o compromiso, en los otros, mina los lazos de solidaridad y la posibilidad de imaginar un futuro a largo plazo y otro tipo de vida social por fuera del capitalismo.

De esta manera, dirá Fisher, apoyándose en los relatos terapéuticos, y en la música pastiche, tan en boga hoy en día, se privatizó el malestar individual y social: se individualizó el malestar de clase.
Y así, sustentadas en teorías de la meritocracia, en las que “sólo se ve individuos, elecciones y responsabilidades personales.”, estas terapias del bienestar dejan de lado una de las interpretaciones más probables: la clase y el poder social.

Para ello, Fisher se basa en los trabajos del psiquiatra inglés David Smail, quien explora las marcas de clase, indelebles y poderosas sobre la psiquis del individuo. Si desconoces su determinismo, puedes llegar a creer que ‘es tu culpa’, es tu depresión, tu pobreza, tu desempleo, tu falta de oportunidades, en lugar de culpar a las estructuras e instituciones sociales. Es sólo nuestra culpa, y supuestamente de nadie más, este sentimiento de inferioridad: “los individuos se culparán a sí mismos [de sus desventuras] más que a las estructuras sociales”.


A la creencia, tan popular hoy, “de que está en poder de cada individuo la posibilidad de ser lo que quiera”, Smail la llamará ‘voluntarismo mágico’ y otros ‘meritocracia’. Esta creencia es, dirá, “la ideología dominante y la religión no-oficial de la sociedad capitalista actual”.

Y agrega: “Una población a la que durante toda su vida se le ha dado el mensaje de que es inútil, ahora se le dice que puede hacer cualquier cosa que desee.”

Por tanto, para Fisher, la depresión no es sólo individual, es política y es colectiva. Y es colectiva porque los sujetos han abandonado los proyectos conjuntos de clase y, por ende, la construcción de un futuro individual y común a largo plazo.

Fisher termina incitándonos a “Inventar nuevas formas de involucramiento político, revivir las instituciones que se han vuelto decadentes, convertir la desafección privatizada en ira politizada: todo esto puede hacerse, y una vez que ocurra, ¿quién sabe qué es posible?”


El panorama actual es desolador, el colectivo ha sido descompuesto en múltiples consumidores solitarios. Las clases trabajadoras se han retirado al ámbito de lo privado, y han aplacado sus propuestas de construir un mundo por fuera de la cultura dominante burguesa.

Y la cultura oficial, que nos demanda consumir el último producto cultural ‘pop’, ser divertidos y nos castiga porque ‘nunca somos lo suficientemente positivos’, y nos empuja a consumir más, y más, y seremos tan felices si consumimos más, nos dicen.

¿Cómo es que llegamos a esto? Se preguntará este radical escritor e intentará abordar este interrogante desde la música, como elemento imprescindible de esta cultura, “que ha perdido su confianza, no sólo en que el futuro será bueno, sino en que algún tipo de futuro sea posible.”

Escribir sobre uno, es lanzarse a la tarea infinita de regresar sobre uno mismo, dice Didier Eribon. ¿Por dónde empezar? ¿Hasta dónde ir? En definitiva, hacer una teoría política del sujeto, para no caer en la tentación de quedar atrapados en las redes de las terapias del bienestar que desconocen el poder de la clase: comprender quién soy, quiénes son y quiénes somos y por qué nos pasa lo que nos pasa.

Si crees que puedes agarrarme, piensa otra vez: 
mi historia fluye en más de una dirección
 un delta que surge del cauce 
con sus cinco dedos extendidos.
Adrienne Rich

lunes, 23 de diciembre de 2019

Escribir y vivir desde el margen - La literatura del yo


              Dar testimonio
de una manera humana
de levantarse,
preparar el té
y escribir.
Susana Villalba
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Hace muy poco leí una serie de entrevistas a un escritor muy pagado de sí mismo, con un pedigrí inconmensurable, apadrinado por Quino, casi hijo adoptivo de Cortázar. Sus padres frecuentaban a García Márquez. Creció entre poetas y literatos renombrados de aquí y de allá. Este escritor con pedigrí, cuestionaba las actualmente llamadas ‘literaturas del yo’.

En 1936, Virginia Woolf escribía un ensayo titulado ¿Soy una snob? En este texto decía que “¿Acaso hablo sólo de mí misma, cuando digo que nada de aventura me ha ocurrido desde que ocupé esta inminente, aunque espinosa silla, pero a pesar de ello, sigo siendo, para mí misma, un tema inagotable y de fascinante y angustiado interés: un volcán en perpetua erupción?”

Casi un siglo después de Woolf, el jovencísimo escritor francés, Edouard Louis, escribió un extraordinario libro en el que indaga sobre la escritura de una vida, en ¿Quién mató a mi padre?  que toma el relevo de su libro anterior, Para acabar con Eddy Bellegueule. En ambos libros, este escritor se pregunta acerca de cómo elegir escribir sobre los episodios de una vida, de cuáles escribir y de cuáles no hacerlo. Es decir, ¿qué hay que decir y cómo decirlo? Y, para responder al escritor con pedigrí, ¿por qué no hacerlo?


‘¿Qué es una vida?’, escribió Woolf. ¿Quién es yo? ¿Dónde comienzo yo? ¿Cuándo comienzo yo?, dirá Didier Eribon haciendo referencia a la sociología y al socio-análisis en su libro Principios de un pensamiento crítico.

¿Cómo se incluye, en el relato, lo que ha sido excluido? ¿Cómo hacer para no girar la cabeza y no confrontar con el mundo y la realidad? ¿Cómo hacer para no dejar de lado aquellos determinismos sociales que definen quiénes somos y quiénes seremos? Eribon será enfático al respecto al decir que “el presente depende fuertemente del pasado.”

Como escribirá John Edgar Wideman, escribir sobre mí es escribir también sobre el grupo, sobre el colectivo que represento. Para éste, la cuestión de la identidad personal está ligada a la de la identidad colectiva, “a aquella de todo un grupo a quién pertenecemos.”

Wideman va a indagar, a propósito de la raza, sobre sí mismo, ¿cómo definirse? ¿cómo hablar de uno mismo? ¿con qué palabras? Y lo que es aún más importante, ¿quién posee esas palabras y las crea?
Es el lenguaje uno de los terrenos de batalla, argumentarán no sólo Wideman sino muchos autores. En este campo, quién define y qué es definido por las palabras es determinante. Y aún más, para él, ¿cómo afirmar la raza al mismo tiempo que se la rechaza? Cómo afirmarse en la diferencia para obtener igualdad, escribirá también Joan W. Scott a propósito de las luchas feministas.


Assia Djebar, historiadora argelina, irá aún más lejos al indagar sobre la escritura desde la lengua del adversario. “¿Qué significa escribir sobre la dominación en la lengua dominante o en la lengua de los dominantes?”


Eduard Louis, junto con Eribon, van a enlazar todas estas inquietudes, para abordarlas como cuestiones políticas. Louis va a sostener que la política para unos es una cuestión estética, una manera de pensar, de ver el mundo, una manera de construir una persona. Para otros es una cuestión de vida o muerte.

Lo más curioso, sostendrá, es que los que lo tienen todo, pueden pasar de cualquier tipo de gobierno porque la política no cambiará su vida. Concretamente, para aquellos que hacen la política, ésta no va a tener ningún efecto sobre su vida. Para el resto, es una cuestión de vida o muerte.

Así, sin entrar en detalles teóricos, y siguiendo los trabajos de Pierre Bourdieu y Michael Foucault, Louis – como Eribon - arremete contra aquellos escritores y críticos literarios que hoy cuestionan las llamadas ‘literatura del yo’ y se pregunta el ‘¿Por qué hay vidas menos contadas que otras?’
Por qué no dar voz a aquellos y aquellas que han sido dejados de lado, marginalizados, inferiorizados, colonizados. La historia de los perdedores, aquellos que han sido, y siguen hoy más que nunca, privados de dejar el relato ‘de sus derrotas’, de su existencia, de su sufrimiento, de sus alegrías. En síntesis, el relato de su vida.


Los ganadores escriben la historia, eso ya lo sabemos. ¿Por qué no escribir otras? Re-pensar las cosas, re-pensar lo que se pensaba. ¿Cuándo leeremos las historias de todos y todas los que no ganan en este sistema? ¿Cuándo nos apropiaremos de la palabra para decir lo que no se dice?

La literatura que interesa es la que se interroga a sí misma, la que intenta confrontarse con el mundo. Interesa así, aquella que intenta incluir a los invisibles, a la realidad de los posibles, a la complejidad. Urge, como sostiene la poeta argentina Susana Villalba, ‘proponer otras maneras de decir el mundo’.
Todos estamos atravesados por contradicciones, por historias diferentes, por historias múltiples, argumentará Joan W. Scott remitiéndonos a la idea sostenida por Kimberlé Crenshaw sobre la interseccionalidad.

En nosotros confluye la intersección de muchas identidades sociales, de varias historias, de potencialidades políticas. Éstas nos constituyen, y entran en conflicto unas y otras.

¿Quién soy yo? Eribon dirá que ‘yo’ es una construcción contradictoria, frágil, provisoria y parcial. Nunca está dado todo de una vez para siempre porque ella se reconstruye y se inventa a cada momento. Reconstruir el yo es una tarea infinita e interminable. El yo es personal pero también es social, es historia, es geografía y es político. El yo es una clase.

Volviendo a la entrevista que disparó estas reflexiones, he vuelto mis lecturas hacia aquellos que se sitúan en los márgenes de las formas dominantes de escribir y de escribir una vida. No es literatura, no es tampoco sociología, pero lo es ambas y cada una.


He encontrado una fuente inagotable de escritores y escritoras que escriben desde los márgenes, como gestos de resistencia, dirán Eribon, Ernaux, Wideman y Louis, o como gestos que cuestionan la ausencia de resistencia, la resignación.

Para “cambiar la mirada sobre el mundo, para transformar las percepciones instaladas y así producir, o favorizar, nuevas formas de resistencia.” [Eribon]

Todos estos autores sostienen que hay que re-apropiarse del lenguaje, dar voz a los que no la tienen porque cuando un privilegiado nos dice cómo debe ser el mundo, éste actualiza la frontera entre ser y no ser, entre los dominantes y los dominados, entre los que tienen todo y los que no tienen nada. Entre ellos y yo. Entre ese escritor ‘con pedigri’ y todos los otros.

Toda la tarde caminó
bajo la lluvia
como una forma de sentir
humanidad.