miércoles, 30 de enero de 2019

Una vida mejor de la que vivimos por Virginia Baudino




“Sé que un régimen que no proporciona
a los seres humanos ninguna
razón profunda para cuidarse entre sí
no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad.”
Richard Sennett

Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
En 1989, Bernard Pivot le preguntó al filósofo francés Michel Serres, qué era para él un filósofo. Serres respondió que un filósofo es un viajante, un visitante que se alimenta de saberes y que se funde con las culturas, volviéndose así una persona.

No soy filósofa, aunque hay por ahí algún diploma que atestigua mi paso clandestino por algunas de sus ramificaciones. Sin embargo, en épocas donde los límites se difuminan, es interesante explorar diferentes saberes. O algo así.

En este sentido, el historiador francés Iván Jablonka nos invita a saltar las fronteras de las disciplinas, escribir, desarrollar un camino de creación, una reflexividad vibrante, un rechazo del sexismo metodológico – en línea con Sandra Harding -, una independencia de tono y estilo, una sensibilidad en el lenguaje, una apertura al público’ para el futuro de las ciencias sociales".

Traspasar las fronteras, dice Jablonka, tiene algo de subversivo porque desafía las rutinas, los hábitos y cambia las miradas. Y porque nos ayuda a hacer un poco más inteligibles nuestras vidas.

Como escribí en post anteriores, lo que sucede a nuestro alrededor nos interesa e interpela a Maribel y a mí. Estas reflexiones son el producto de intensas charlas, intercambio de correos, lecturas entre nosotras. Nada se produce aislado, sino en diálogo permanente. Ambas venimos de disciplinas diferentes pero superpuestas. Nuestras charlas se enriquecen, así que por qué no traspasarlas al papel y compartirlas. Así literatura y sociología, dialogan.

Últimamente, todo nos llama profundamente la atención. Lo que hay que comer, lo que hay que hacer, lo que hay que leer, en qué hay que trabajar y cómo, cómo hay que vivir, cómo se debe ser. Especialmente toda esta obligatoriedad de la felicidad, o de la llamada buena vida, si quieren, nos llama la atención.


Empezar por preguntarse qué es la felicidad o la buena vida, sería como entrar de lleno en grandes tratados filosóficos, metafísicos, antropológicos, psicológicos y etcéteras.

Por ello, recurrí a la sociología una vez más, y en este caso me apropié de lo que dice el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en La sociedad sitiada (2002), sobre la felicidad.

El autor reconoce que se trata de un concepto vago, impreciso y ambiguo. Pero acuerda en cuatro ideas como son ‘buena fortuna, placer, satisfacción y buena vida’.

Sin embargo, y contrariamente a lo que se percibe en la actualidad, tradicionalmente ésta era una idea periférica, ya que en la cultura occidental, y en otras, predominó la idea del sufrimiento como elemento inherente de la vida. Pensemos en Jesús, por ejemplo, y su sufrimiento, nos dice Bauman.
Por ello, la ‘felicidad’, como fin de la vida, es una idea actual, y su ‘entronización’ es más actual si cabe.

Si algo caracteriza a las sociedades líquidas actuales, nos dice, es que las políticas estatales han abandonado el pacto con los sujetos, por el cual el Estado se comprometía a distribuir los bienes para asegurar una buena vida y los ciudadanos esperaban recibirlos. A cambio entregaban lealtad y disciplina.

Pero las cosas cambian, y sí que cambian, y con el paso del tiempo y el cambio operado en nuestras sociedades, “abandonada por la política estatal, la escena pública cae fácilmente en las garras de la política de vida individual. […] Así, “se alienta la búsqueda de soluciones biográficas a problemas de origen social.” O, como dice el sociólogo alemán Ulrich Beck, ‘nuestras vidas se han convertido en soluciones biográficas a contradicciones sistémicas.’ Que todos lo intentamos en casa de alguna u otra manera.

Bauman realiza un análisis exhaustivo de esta idea, y dice que “hay mucho lugar para diversos contenidos sobre la buena vida: es decir, de una vida mejor de la que vivimos, una vida preferible a aquella que hemos vivido hasta el momento.”



Por sus características, la idea de felicidad “es capaz de proporcionar un suelo común en el que se producen luchas y negociaciones entre los defensores y detractores de las distintas maneras en que puede entenderse la vida individual y un suelo en el que tienden a discutirse y negociarse las modalidades de una vida común.” De ahí el bombardeo cotidiano al que estamos sometidos.

Permanentemente, se crea y se publicita toda una alternativa de opciones en las que, día a día, se lanza una crítica de la ‘vida real existente’. Más enfático es Beck cuando afirma que “El individuo tendrá que pagar por las consecuencias de las decisiones que no toma.”

Y también por las que toma, como dice Richard Sennet en La corrosión del carácter (1998). Asumir riesgos, cambiar, desprenderse del pasado, vivir en la ambigüedad y la incertidumbre actuales del capitalismo flexible, producen un desgaste enorme del carácter de las personas. Ahora, ‘Quedarse quieto equivale a quedar fuera de juego.’

Y es cierto, aún recuerdo en una universidad lo que una compañera me dijo: "Virginia, tienes que estar dispuesta a hacer cualquier trabajo, incluso los que nada tengan que ver con tu trabajo, con tal de estar aquí adentro, porque si sales estarás muerta. Ella había leído acertadamente lo que se estaba gestando". Y sí, estoy afuera.

Como dice finalmente Bauman, el modelo de una buena vida futura tradicional fracasa por tres motivos. Primero, porque ahora lo mejor que se puede imaginar no puede durar para siempre.
 Segundo, porque las antiguas utopías no entusiasman porque proponían una reforma de toda la sociedad para que todos tengan una vida feliz. Recuerden que estamos en una época de atomización e individualización. Por último, ahora la felicidad significa un presente diferente antes que un futuro mejor.

Pero lo que realmente rompe con todo es que se concibe a la felicidad como una meta individual y no como un estado estable de todo el conjunto de la población. Cada uno busca pequeñas triquiñuelas para no hacer aguas.


Sin embargo, como dice Sennett, siempre queda un espacio de esperanza, cuando asistió a Davos, “me pareció que este régimen podría al menos perder su control actual sobre las imaginaciones y los sentimientos de los que están abajo.”


Después, el fuera de foco se va ajustando
y poco a poco
nos vamos reencarnando en eso que somos, despojos
de cuanto creemos que alguna vez fuimos.
Hacemos como que nos acostumbramos.
Luisa Futoransky

jueves, 17 de enero de 2019

Remedios para la melancolía por Virginia Baudino, socióloga.


“Toda excesiva atención y repliegue sobre una misma 
produce enfermedad y heridas
que sólo se curan con la despreocupación
de lo propio. ¿Qué se hace con un día así?"
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Parece que las llamadas enfermedades mentales están convirtiéndose en una epidemia. No soy yo la que lo dice. Basta hojear las publicaciones científicas o hablar con los amigos. La depresión, la ansiedad, la hiperactividad y otras más -ahora hay muchas – crecen a pasos agigantados.

Todavía aún se sigue pensando que estas enfermedades pertenecen al ámbito de lo privado. Sin embargo, y siguiendo esta idea de la poeta Chantal Maillard, de hacer filosofía en los días críticos, voy a tratar aquí de apropiarme de algunas ideas de ciertos escritores para hacer un poco de sociología en momento críticos.

Los autores que me interesan, y aunque difieran en sus análisis, argumentan como lo hace el filósofo Byung-Chul Han que toda época tiene sus enfermedades emblemáticas.

Si para este filósofo estas enfermedades, más específicamente la depresión, se caracterizan por ser una guerra contra uno mismo, lo que evidencian es la transición de una sociedad disciplinaria a una del rendimiento y del exceso de positividad. Así, la prohibición, el mandato y la ley, tan características de otras épocas, han sido reemplazadas por el ilimitado poder de los sujetos de hacer y emprender.

Es enfático cuando dice que ‘El sujeto de rendimiento es soberano y empresario de sí mismo libremente, y en eso se distingue del sujeto de obediencia.’

Si a ello le agregamos una sociedad capitalista fuertemente atomizada y competitiva, la mesa está servida.

Si para este filósofo estamos en los albores de la sociedad del cansancio, para el inglés Mark Fisher hay que ir aún más lejos, hay que discutir políticamente la salud mental.

Dice que hay que preguntarse ‘¿cómo - en la sociedad capitalista – se ha vuelto aceptable que tanta gente, y en especial tanta gente joven, esté enferma?’ Es por ello que ‘la plaga de estas enfermedades en el capitalismo sugiere que el capitalismo es un sistema disfuncional, y que el costo que se paga para que parezca funcionar bien es ese.

Ambos autores, Han y Fisher, acuerdan al argumentar que se ha instalado como algo de orden natural la idea de que cualquiera puede convertirse en un Bill Gates o en un Jeff Bezos. Y si tú o yo o los otros no lo conseguimos, ya sabemos a quién culparemos….no a Bill o a Jeff.

Porque, como dice Han para El País, ‘El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad.’[El País, 03/10/2014].

Por eso la urgencia de repensar el espacio de la salud mental - de los orígenes de la infelicidad, dice Fisher -, desde la política y la sociología. De seguir así, el panorama que se abre es desolador: una sociedad más atomizada, individuos cada vez más aislados y compañías farmacéuticas haciendo negocios millonarios.


Hace unos días vimos con Maribel el documental, Autonomía Obrera, de Oriol Murcia sobre la clase obrera española durante la década de los 70 y en él se habla ya de la salud mental.

En el minuto 1:08´ el entrevistado decía: ‘la vida privada es una vida privada de vida. Entonces buscamos tener una vida política. No de afiliarse a un partido político o sindicato, no. Una vida política significa desafiar al mundo porque no nos gusta, porque no nos sentimos bien en él.’


Los gurús de la autoayuda y del coaching florecen por todas partes. Parece ser que hay que controlar lo que se come y cómo; ayunar 48 horas si es posible, correr es la moda, el yoga se ha vuelto una disciplina internacional de furor y el bombardeo por Internet, radio y televisión sobre cómo tenemos que hacer para ser felices, porque no lo somos, es abrumador.

Nunca podré hacer todo eso, eso para ser verdaderamente feliz como nos dicen. Soy muy mala alumna. Y cuando algo se vuelve como una plaga comienzo a sospechar.

Hace tiempo que me repito esta frase del feminismo: lo personal es político. Quizás sirva, quizás no. Quizás aceptar que la soledad, la melancolía y la tristeza forman parte del ser humano sea uno más de los remedios.

No es obligatorio ser feliz. Como dice Zizek en el post que aquí colgó Maribel, para qué quieres ser feliz, mejor ¡ten proyectos! Y si no los hay, hagámoslo juntos.

Y por favor….¡desafiemos a este sistema! Para empezar, bailar nunca está de más, y leer…..
escribir.

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía.

Chantal Maillard


miércoles, 19 de diciembre de 2018

Cuál es la forma de vida que nos hace felices

Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com 
¿Qué pasaría si todos estuvieran de acuerdo con tu protesta?
-Mark Fisher-
Parece ser que el feminismo está de moda. ¡Ahora es tendencia! En las tiendas de ropa encontramos camisetas que dicen que somos feministas, cantantes de moda cantan que todos deberíamos ser feministas.

Maribel y yo nos hemos encontrado porque nuestras reflexiones y nuestras ideas respecto a nosotras en tanto mujeres, madres, estudiosas, profesionales, feministas se desarrollaban ensambladas, en diálogo y cuestionamiento permanente.

Es un poco rara toda esta moda, ¿no? Especialmente porque el feminismo ha sido algo marginal. ¿Adónde nos conducirá esto? Porque para que algo sea tendencia, hay que edulcorarlo, volverlo ligth, hay que asegurarse que no incomode a nadie.

El feminismo surgió marginal, incómodo, reducido y en la lucha. Sus principios, que hoy deberían seguir siéndolos, eran los de construir una sociedad más justa. Y esto, como dice Jessa Crispin en su libro Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista sigue sin estar de moda.

Las mujeres han trabajado desde siempre. Han fregado desde siempre. Y han luchado para acceder a trabajos cualificados, no para acceder a los trabajos de los pobres. Trabajar ante todo, ha sido una de las premisas. Y en ese camino, no reparamos que la sociedad capitalista es cada vez más hostil, competitiva y precaria para mujeres y varones.


“Desde el principio mismo, dice Crispin, la premisa fue que el trabajo era algo bueno, algo gratificante que nos estábamos perdiendo. No algo que destruía el cuerpo y la mente"; Anabel González, en La liberación posible’  ya argumentaba que un trabajo mecánico de 8h. a 15h no era una liberación. Crispin es más frontal al decir que
"No todas las mujeres ni todos los hombres son ambiciosos. No todas las mujeres están decididas a dejar su huella en el mundo. No todas las mujeres disfrutan trabajando ochenta horas a la semana sólo para ver cómo le dan el ascenso a un niñato de Harvard, ascenso a un puesto que ella en verdad no quiere, pero en el que ganaría un poco más.
No todas las mujeres ansían participar en este desquicie consumista que es la cultura en que vivimos y llenar los vacíos de su corazón y su alma con zapatos y tops de edición limitada de Topshop". 

Mientras el feminismo esté dominado por el determinismo económico protestante – libertad, independencia y trabajo – estaremos evitando crear una sociedad más humana y justa. Lo que tenemos hoy es "una especie de mundo hipermasculinizado en el que las mujeres participan – y quieren participar aún más - de los valores patriarcales".

Y así todo se va al traste desvirtuado en nombre del dinero y el poder, aquellos placeres que ofrece el patriarcado. Porque para triunfar en el patriarcado, nosotras debemos actuar como patriarcas (independencia, éxito y sexualidad), y tenemos que exhibir las características que ese mundo valora y desechar las que no.

¿Para qué queremos entrar en las primeras filas del ejército?¡¡¡¿Para ir a la guerra?!!! De qué nos sirven las CEOs que salen en Forbes si sus fábricas reproducen y acentúan las condiciones de explotación y servidumbre de mujeres y niños. ¿Por qué sólo yo tengo conflicto de intereses y digo no?

¿Nos hemos planteado si esta forma de vida nos hace feliz y es la mejor a la que podemos aspirar? ¿Hemos analizado el sistema con el que estamos colaborando?


Andrea Dworkin, dice, nos ha empujado a replantearnos nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestra existencia en el mundo para ver si esto necesita de nuestra complicidad con este mundo desigual y opresivo. Si es así, por qué no pelear por construir otro mundo posible.

En reflexiones similares, Mark Fisher en Realismo capitalista, argumenta algo similar sobre el anti-capitalismo: "el objetivo del movimiento no era erradicar el capitalismo, sino sólo mitigar sus excesos".  Y es más: "con nuestra complicidad en las redes planetarias de la opresión".
"Cogemos todos los abusos, discriminaciones y atropellos de los que hemos sido objeto, todos nuestros encontronazos con la violencia y el dolor y los utilizamos para justificarnos y apropiarnos de lo que queremos sin examinar ni siquiera nuestros motivos para quererlos. […] Si consigo abrirme camino a pisotones hasta lo más alto de un estudio de Hollywood, no tengo por qué hacer nada para que allí se trate mejor a las mujeres, no tengo por qué plantearme para que las voces de las mujeres tengan más espacio".
El feminismo light, universal y blanco, es lo que tiene. Porque las desigualdades reales a las que se enfrentan las mujeres afectan en su mayoría solo a las mujeres pobres; "las de clase media y alta pueden comprar el acceso al poder y a la igualdad".


Al final, algunas mujeres disponen de los medios de escapar de lo peor del patriarcado: dinero. El dinero es la forma más rápida de evitar las formas más evidentes de opresión. Y una parte de las mujeres disponen de él. Y con dinero se hace posible el acceso al poder.

Para muchas, lo pernicioso del sistema capitalista y patriarcal, es que no le permite el acceso, no es que es nefasto en sí mismo:‘"luchamos por conseguir la inclusión, no mejoramos el sistema, lo único que hacemos es unirnos a las filas de los que están incluidos y sacar provecho".

Y agrega que si escoges la libertad en lugar del dinero, si decides vivir de acuerdo con los valores de la compasión, la honestidad y la integridad, la gente te odiará porque les recordarás sus carencias".

Se está muy sola fuera del sistema. Pero hay que darse la oportunidad de imaginar una manera mejor de vivir, otro sistema, porque nuestra labor consiste en comportarnos como auténticos seres humanos.



martes, 27 de noviembre de 2018

¿Ser feliz o estar interesado? - Slavoj Zizek

Maribel Orgaz - Virginia Baudino
Este vídeo del filósofo Slavoj Zizek nos gusta mucho a Virginia y a mí porque dice algo que todos hemos experimentado alguna vez: cuando estamos disfrutando haciendo algo no pensamos si somos felices. Incluso estás preparado para sufrir, dice Zizek.

Estamos tan involucrados y entregados a la situación que nos olvidamos de categorías como la felicidad, que es algo secundario. Experimentamos el momento con tal intensidad que es suficiente en sí mismo.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Las nuevas formas de soledad de algunos lugares. Virginia y las librerías.

                           
Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com
Hay lugares a los que una va porque quiere. Y hay otros lugares con los que una se topa. Con Maribel vamos a las librerías, las buscamos, las vamos a visitar, compramos un libro o varios y nos las mostramos, si podemos.

Muchas veces me pregunto porqué nos atraen tanto, qué tienen o qué representan en nuestra memoria, las librerías. Evidentemente, hay una relación con el hecho de que a las dos nos gusta leer y, también, con nuestra propia biografía. Podríamos trazar nuestra biografía a partir de los libros que leímos. Librerías y bibliotecas nos atraen por igual.

Pensando en esto, me encontré con el libro del antropólogo francés Marc Augé Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, en el que hace referencia a la superposición de lugares y de no lugares en las sociedades actuales.

Librería de Libros usados. Dardagny. Suiza
¿Por qué se me ocurre que Augé puede servirme para entender esta fascinación casi antropológica por las librerías? Porque este autor habla de:
"los cambios producidos en la sociedad actual, y sus efectos como la aceleración del tiempo, la superabundancia de acontecimientos y el individualismo, que se pueden observar por la proliferación de lo que llama los no lugares, como los aeropuertos, las autopistas, los centros comerciales, esos lugares de tránsito. Hoy los no lugares y los lugares ‘se entrelazan’ […] ‘se oponen y se atraen".
¿Qué es un lugar? Muy sintéticamente, un espacio donde nos relacionamos con otras personas y donde se toma conciencia, como dirá Emile Durkheim, de la colectividad de la cual se forma parte y de su historia.

Hay una memoria que se encuentra vinculada a ciertos lugares y en los que se entrelaza una memoria individual y otra colectiva. Para Augé, en los lugares se efectúan recorridos, se sostienen discursos y hay un lenguaje que los caracteriza.

En contrapartida:
 “La modernidad es productora de no lugares: espacios que no pueden definirse como espacios de identidad ni como relacional ni histórica.”Y va aún más lejos, la proliferación de los no lugares produce nuevas formas de soledad, tan características de las sociedades modernas.
Quizás he ido demasiado lejos con las ideas de Augé, pero la creciente desaparición de las librerías me inquieta. Su desaparición es una señal de alarma sobre un mundo que está cambiando rápidamente y en los que, estos lugares, nos hacen tomar conciencia sobre las rupturas con el pasado. Con el pasado colectivo y con nuestro propio pasado.
Librería 8ymedio. Madrid.España
Quizás, como dice Pierre Nora, estas librerías se transformarán en lugares de memoria, en testigos de otras épocas. Esos lugares en los que buscamos ‘los signos visibles de lo que fue’ […] ‘el desciframiento de lo que somos a la luz de los que ya no somos.’ [p. 22] 

Quizás ahí está una de las posibles respuestas a mi incógnita. Por qué busco y sigo buscando librerías o bibliotecas. Quizás porque como está grabado en la puerta de entrada a la biblioteca de la Abadía de Saint Gall, en Suiza, sean la farmacia del alma.


Ésta es mi casa con mi gente
con mis pasados y mis cosas
mis garabatos y mi fuego
mis sobresaltos y mi sombra.
M. Benedetti

lunes, 22 de octubre de 2018

Jugar es vivir - Los niños necesitan el juego libre.


Virginia Baudino - virbaudino@hotmail.com

“Todas las personas mayores fueron niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan.” Antoine de Saint Exupery.

Hace unos días leí un artículo del psicólogo inglés Peter Gray en Books, que había aparecido en Aeon, en el que hablaba de la importancia del juego en los niños. Me gustó tanto que decidí hacer una pequeñísima traducción para compartirlo.

Uno de mis trabajos es el de jugar con los niños. Juego con ellos, y también enseño a jugar. Cuando conocí a Maribel, acababa de publicar su libro ‘Las estaciones y los niños’ y poco tiempo después tenía un club de lectura para niños. Los niños han sido siempre uno de nuestros puntos de encuentro.

¿Qué significa jugar? Según el diccionario, es ‘realizar una actividad o una cosa, generalmente ejercitando una capacidad o destreza, con el fin de divertirse o entretenerse.’

Todos los niños de los mamíferos, incluidos los nuestros, juegan porque es a través el juego que los jóvenes adquirirán las competencias que necesitarán en su vida adulta para sobrevivir.
Así, jugar para Gray, es aprender.

¿Qué aprenden? Aquellas lecciones de vida que no se pueden enseñar en la escuela. Y para aprender estas lecciones, los niños necesitan jugar mucho, muchísimo, y si es posible, sin la intervención de los adultos.

Cuando los niños juegan libremente, en todas las culturas, adquieren ciertas competencias universales agrega, como correr y caminar, y también ciertas competencias específicas valoradas en su cultura.

Hugo y su barco en la playa
Aprenden jugando, también, comportamientos como la responsabilidad – con ellos mismos y con los otros – y que la vida es amable incluso cuando se atraviesan momentos difíciles.

Aprenden, además, que el juego es una actividad social y así aprenden las reglas. En este sentido, dice Gray, el juego es importante como transmisor social porque opera sobre la base del voluntariado – se es libre para jugar y para abandonar el juego cuando se quiera. Y el objetivo es el de ‘satisfacer nuestras necesidades y nuestros deseos, satisfaciendo también las de los otros jugadores.’ 

En él se negocia, se compromete y se aprende a controlar las emociones negativas como la cólera y el miedo. Los niños saben que si quieren jugar deben aprender a controlar estas emociones para utilizarlas de maneras constructivas. Los caprichos pueden funcionar con los padres, pero nunca con los compañeros de juego, dice el autor.

Para los niños, entonces, jugar es una forma de aprender a experimentar la condición adulta.

Los especialistas alertan de que con la carga de actividades escolares y extra escolares, el juego libre comienza a verse privado en la vida de los niños, lo que no representa una forma sana de vivir.

Cuaderno de Saint Exupery. Museo del libro y del Manuscrito. París
Quizás se salga de contexto, pero me gustó mucho lo que el gran escritor Isaac Bashevis Singer, escribió sobre algunas de las razones por las que escribió para los niños. Singer obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1978 y dijo que,
"escribía para los niños porque a ellos les importa un bledo la crítica, porque no leen para encontrar su identidad, ni para liberarse de la culpa, ni para saciar su sed de rebelión ni para librarse de la alienación. Los niños no necesitan la psicología, detestan la sociología, no tratan de entender a Kafka o a Wake, y aún creen en Dios, en la familia, en los ángeles, en el diablo, en las brujas, en los duendes, en la lógica, en la claridad, en la puntuación y en cosas obsoletas. A ellos, continúa, les encantan las historias interesantes y cuando un libro es aburrido, bostezan abiertamente y, no esperan que su amado escritor redima a la humanidad".
Por tanto, desde aquí decimos: ¡Que jueguen los niños!
"El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices". Oscar Wilde

domingo, 14 de octubre de 2018

Educar en el amor a la vida - Natalia Ginzburg y nuestros hijos

Maribel Orgaz - Virginia Baudino
Le propongo a Virginia continuar con las reflexiones de algunas escritoras sobre la crianza de los hijos. Y de inmediato  recordamos un libro que leímos hace ya algunos años de una autora italiana.

-Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg - me dice Vir sonriendo - El primer capítulo que habla del dinero y la vocación era precioso.

Yo también creo que es uno de los más maravillosos textos de amor sobre cómo cómo educar a un hijo, quizá porque es una mezcla de autobiografía, de experiencia real, y reflexión profunda.

-Pero es que no sé ni qué citar porque todo es interesante - le comento a Vir y las dos repasamos las primeras páginas.

-A mí me gustaba mucho cuando dice: "Estamos para consolar a nuestros hijos, si un fracaso les entristece. Estamos para bajarles los humos, si un éxito los ha envanecido. Estamos para reducir la escuela a sus humildes y estrechos límites; nada que pueda hipotecar el futuro, una simple oferta de instrumentos, entre los cuales es posible elegir uno del que quizá, el día de mañana, se valgan".

-Entonces voy a citar también mi párrafo preferido o uno de los que más me gustan, porque me gustan varios: "Lo que debemos realmente apreciar en la educación es que nuestros hijos no les falte nunca el amor a la vida..." Creo - le digo a Virginia - que hay que leer entero este librito. Las reflexiones sobre el dinero, sobre el fracaso.

-Quizá con estos párrafos sea suficiente y se animen a leerlo.

-Seguro que sí, es una pequeña joya.